Esos cantos de sirenas de Danilo ante la Asamblea

MARIEN ARISTY CAPITÁN

Su brújula ha sido la perseverancia. Su norte trabajar “día a día, meta a meta, proyecto a proyecto, los siete días de la semana” para construir el sueño de una República Dominicana que diga adiós a la pobreza y se converta en un país de clase media.
Gracias a ese trabajo tesonero, el presidente Danilo Medina asegura que vale recorrer las calles del país para ver cómo se ha transformado. Dice, además, que en el 2017 la economía aumentó un 4.6% del PIB, qué se crearon 120,237 empleos, qué sacó de la pobreza a un millón 200 mil dominicanos, que la inflación fue baja y estable y que, por tanto, los precios en el mercado no se dispararon.
El panorama que dibujó el Presidente fue casi idílico. Habló de educación como si no hubiera escuelas en mal estado, de la producción agrícola como si no hubiera campesinos que pierden la cosecha por las pésimas condiciones de los caminos vecinales y de salud como si no hubiera más de 40 hospitales en remodelación, por lo que los pacientes viven allí un calvario.
El mundo de Danilo es encantador. Por eso se conforma con la disminución de las tasas de homicidio y olvidó que, aunque no nos maten tanto, es un riesgo andar por las calles porque los atracos son cosa de todos los días. Tampoco se ha enterado de que en el supermercado todo aumenta y los chelitos rinden menos. El, evidentemente, no compra nada.
A pesar de lo que ha hecho, sin embargo, Danilo dijo que le queda mucho por hacer. Por eso en el discurso hubo promesas y futuro (¿reeelección?). Al oírlo, me sentí como Ulises cuando oyó el canto de las sirenas. Por fortuna, como él, estaba atada al mástil (de la realidad).


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