Espacios para ser intocables

Además de que las autoridades medioambientales deben acogerse a su propia legalidad sin excepción, en el caso particular del intento de construir contra todo criterio de especialistas una terminal para autobuses en el parque del Este, es de lugar reclamarles la permanencia en el tiempo de la política que vino dando importancia a grandes parques en el seno de la enormidad urbana de Santo Domingo, iniciativa emprendida con sentido de la oportunidad por la administración del doctor Joaquín Balaguer hace ya 48 años. Con la hermosura y verdor del Mirador Sur, el Estado dio uno de los primeros pasos firmes contra la arrasante expansión de la ciudad, librando preventivamente magníficos espacios amenazados por la acción constructora pública y privada que ha estado llenando ámbitos a base de edificios, negocios y congestionadas y ruidosas vías de tránsito.

Sin la presteza con que fue iniciada la creación del extraordinario pulmón urbano de la avenida Anacaona, y los que le siguieron, incluido el que ahora se pretende mutilar, habría hoy un abigarramiento habitacional y comercial de mayor magnitud y hostilidad al hábitat común. En su obligación de defender en cada lugar de la geografía nacional aquellos recursos naturales catalogados de imprescindibles, el Gobierno debe mostrar un celo extremo, sin medias tintas ni flexibilidades. Se trata de una meta crucial en todas partes del mundo.

Un control más que necesario

El Estado nunca debe aparecer como facilitador de la creación de sitios de apuestas o que promuevan excesivamente los juegos de azar. Lo que siempre ha de esperarse de las autoridades es que sean firmes en restringir y penalizar tales lugares, lo que no han cumplido a cabalidad; y por ello proliferan las llamadas bancas, incluso operando sin autorización a pesar de que nada tienen de clandestinas.
Su abundante presencia en campos y ciudades, escapando al pago de impuestos, constituye una burla a entidades que deben hacer cumplir la ley y la vigencia de límites a actividades que llevadas a extremos en su exposición pueden perjudicar a la sociedad incluyendo a jóvenes en los que debe fomentarse el interés por el estudio, el trabajo y las diversiones en las que la suerte no juegue ningún papel.