“Estas niñas son mi todo: no me imagino sin ellas”

El nombre del hogar son las siglas de María de la Esperanza

Una revelación de la Virgen definió la vocación de servicio y amor por los niños de Sentola Beltrán, mejor conocida como María Elena, en su pueblo natal, La Victoria, en Santo Domingo Norte.
Y es que a pesar de no haber tenido hijos propios, María Elena ha recibido de la vida cerca de 200 niñas, a las cuales les ha dedicado gran parte de sus años.
Basta con hablar con esta mujer para darse cuenta de su amor desinteresado hacia los menos favorecidos, pero sobre todo por aquellas niñas que no tienen la posibilidad de contar con una familia que les permita un desarrollo normal.
Desde 1995, María Elena abrió su casa para recibir a las niñas huérfanas y de muy escasos recursos que llegaban a su puerta. Ella es la fundadora y presidenta de la Fundación Hogar de Niñas Madelaes, que actualmente alberga a 42 niñas de 2 años en adelante.

El concepto bajo el cual fue fundado el hogar, y por el cual se rige, es trabajar para garantizar una casa a las niñas para ofrecerles la posibilidad de llevarlas de la mano, hasta encaminarlas a integrarse en la sociedad.

Este hogar, que para estas niñas significa una familia, les ofrece seguridad, salud física y mental, educación escolar, formación cristiana y calor humano.
A esta señora siempre le gustaron los niños, pero se convenció de su vocación para cuidar de ellos cuando un día “tuve un sueño, en el cual la Virgen de Schoenstatt me encomendaba dos niñas para que las cuidara. Yo le pregunté que cómo iba a hacerlo si no tenía muchos recursos, y ella me respondió que el Padre Dios me iba a ayudar”.

Esta revelación se hizo realidad cuando María Elena, estando en un hogar de niños en el que ayudaba los fines de semana, llegó una señora a dejar dos niñas, pero la encargada del albergue no pudo aceptarlas por falta de espacio. “Yo le dije a la hermana (la monja encargada), pero esas son las dos niñas que la Virgen me entregó en sueño”, contó emocionada.
Esa coincidencia despertó aun más el deseo de María Elena por dedicarse a esas niñas, quienes hoy le agradecen la iniciativa de abrir las puertas de su hogar. Desde sus inicios, han pasado cerca de 200 niñas, algunas graduadas, otras casadas y bien posicionadas en el ámbito laboral.
Pero todavía hay mucho por hacer. “Mi hermano me dijo un día que si yo no pensaba dejar esta labor, yo le pregunté, si tú te enfermas, ¿abandonarías a tus hijos?”. Y es que eso significan para ella estas criaturas.
“Ellas son mi todo. No imagino mi vida sin ellas. Si volviera a nacer, volvería a escoger la vida que tengo ahora”, aseguró con lágrimas de emoción María Elena, a quien sus hijas llaman mamá o madrina.
Pero Dios sabe lo que hace, pues “creo que si Él me hubiese dado hijos, quizás no hubiese estado haciendo esta obra, me hubiese dedicado a ellos”.
María Elena fue maestra. A sus primeras niñas se las tenía que llevar a trabajar junto a ella. “Yo daba clases de manualidades”, recordó.
Recursos. María Elena no ha hecho esta labor sola, sino que ha recibido y recibe la ayuda de personas e instituciones solidarias, de las cuales recibe donaciones económicas y en naturaleza (alimentos, ropa, útiles escolares, medicinas), para poder llevar a cabo este útil y noble acto social.


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