Evaluación médica, previa a la realización de ejercicio

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En los últimos años, realizar ejercicio ha ido ganando aceptación y fama en nuestro país, sin diferenciar edad o grupo socioeconómico.
Con la llegada de la temporada de calor, es habitual que muchas personas planifiquen una serie de rutinas de ejercicio que van desde caminatas, juegos deportivos y actividades en gimnasios o al aire libre. Todo esto se hace muchas veces, sin la inspección médica de rutina, lo que supone un riesgo importante para la salud.
Aunque los beneficios que aporta hacer ejercicio son ampliamente reconocidos y tienden a mejorar la calidad de vida de quienes lo realizan, es vital resaltar que la práctica de estas actividades puede tener efectos adversos, más allá de las conocidas lesiones ortopédicas y/o traumáticas, ya sea por la agresividad del deporte en sí, la demanda física excesiva que requiere, o por condiciones propias de salud que deben ser estudiadas y controladas antes de someterse a una rutina de ejercicio.
Las personas que practican algún deporte pueden identificar los múltiples beneficios que tiene realizarlo de forma continua, entre estos la prevención de enfermedades crónicas como son; la Hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad entre otras. Está comprobado que  disminuye la tasa de infartos cardiacos y de accidentes cerebrovasculares; contribuye, además, a mejorar la salud mental, al ser una potente arma contra la depresión y el estrés.
Realizar ejercicio se cuenta entre los hábitos saludables que permiten llevar una vida mejor y más sana. Como ya es de conocimiento universal, hacerlo de manera regular es beneficioso para la salud y debe tener un lugar importante dentro de la rutina cotidiana de todos nosotros, pero también es cierto que esta actividad puede alterar la funcionalidad de nuestro organismo y lesionar órganos o sistemas, debido a que cada persona tiene características y condiciones individuales, más allá de la edad y el sexo, que deben ser tomadas en cuenta a la hora de realizar una planificación de diferentes ejercicios.  Es decir que pueden existir algunas limitaciones como trastornos metabólicos, neurológicos, problemas cardíacos, respiratorios, alteraciones del sistema musculoesquelético, etc., que impedirán realizar deporte  del modo que había planificado. Algunas enfermedades suelen condicionar qué tipo de entrenamiento es más conveniente para las necesidades de cada persona.
Por ejemplo, en el caso de las personas con problemas cardiovasculares, es fundamental que las rutinas sean basadas en deportes aeróbicos, salir a caminar, a realizar trote, hacer natación, bailar, practicar yoga, e incluso salir a andar en bicicleta, teniendo siempre en cuenta que se debe iniciar con un ritmo manejable, el tiempo que pueda tolerase e ir aumentando progresivamente. En aquellas personas que han sufrido algún tipo de lesión muscular, como pueden ser los desgarros, después de la recuperación se recomienda planear ejercicios de corta duración y mucha intensidad como puede ser el gimnasio, ya que será un complemento significativo tanto para la recuperación como para el fortalecimiento de la tonicidad muscular. En el caso de patologías ya conocidas, es recomendable adaptar adecuadamente tanto la frecuencia de entrenamiento como la intensidad y el tiempo del mismo.


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