¿Existe en realidad gran volatilidad política en el país?

De acuerdo a datos publicados acerca de las posibles simpatías manifestadas por ciudadanos encuestados con relación a los partidos políticos o algunos de sus posibles aspirantes, se podría colegir que aparentemente existe volatilidad. Sin embargo, si uno se detiene a analizar lo que en esa materia se ha publicado o estudiado, aún sin hacerse público, se podría decir que los dominicanos continúan manteniendo con un alto grado de simpatía hacia los partidos políticos.
Lo que tal vez podría estar ocurriendo, es lo que en varias ocasiones he denominado como fenómeno de confusión. Esto así, en virtud de que por más que alguien quiera ocultarlo, los dominicanos son poco dados a los cambios drásticos. Y en materia político partidaria, esa resistencia al cambio drástico no es diferente.
Cuando había cuatro equipos de pelota, la población se manifestaba por alguno de esos conjuntos tradicionales, pero cuando se crearon dos nuevos equipos, de forma regionalizada o provinciana, esas simpatías, al principio ofrecieron resistencias naturales, pero luego se fueron acomodando.
En el país había tres grandes partidos, dirigidos por grandes líderes, que en cierto modo acomodaron las simpatías.
El PRD con Bosch y luego Peña Gómez; el Partido Reformista con Balaguer, y posteriormente el PLD con Bosch y después Leonel y Danilo. Los dos primeros partidos disminuyeron.
Alrededor de ellos se fueron creando simpatías, militancias y mística, que incluso se transmitieron por generaciones. Sin embargo, nadie puede obviar que en los últimos años, sobre todo en el área opositora, se han producido cambios que pueden estar ejerciendo influencias en esa posible volatilidad. Entre otras cosas, por ausencia de aspectos que produzcan simpatías o mística partidaria, al margen de los candidatos.
Producto de los tropiezos en el perredeísmo, surgió hace poco el PRM. Pero este partido, a pesar de su éxito en corto tiempo, por muchas razones, no ha tenido el tiempo necesario para que la gente se identifique con cierto grado de mística o militancia hacia la nueva organización. Tanto así, que hoy, cuando se mide, podemos apreciar que los aspirantes a candidatos, léase Hipólito Mejía o Luis Abinader, tienen más simpatías que la propia organización. Porque el PRM, aunque con coyuntura favorable y dirigentes de primer orden, todavía está transitando el camino para crear su propia identidad.
Al PRD la gente lo ve como un ala del gobierno. Y al Reformismo como dos partidos en uno. Pues mientras a una parte lo conciben como aliados o bisagra del gobierno, a la otra igual los catalogan como bisagra de la oposición.
Con esto quiero advertir, que la volatilidad aparente o circunstancial que pudiera manifestarse en ciudadanos encuestados acerca de posibles simpatías o militancias partidarias, pudiera ser producto de esa confusión. Porque el PLD con altas o bajas sigue siendo considerado un partido fuerte. El PRM transita el camino hacia la búsqueda de su propia identidad. Y el PRSC y el incierto PRD que tuvieron mística balaguerista y perredeísta, y mucha de su gente hoy vagan como almas en pena, tienen como misión pendiente, romper la dicotomía o desaparecer.


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