Expectativas que deben cumplirse

El centro histórico de Santo Domingo está en vías, y casi lo parece, de convertirse en la joya turística de la ciudad Primada de América gracias a las inversiones en remozamiento y puesta en valor de sus principales espacios, un proceso que en este momento reclama la toma de decisiones en altos niveles del Estado para que marche hacia la plenitud de resultados la segunda etapa. Debe aprovecharse sin demoras el apoyo que el proyecto recibe financieramente del Banco Interamericano de Desarrollo, entidad que respalda objetivos sociales y desarrollistas de sus países socios. Restaurar el esplendor de un patrimonio cultural promisorio para el turismo y de significación para los capitalinos, debe permanecer como prioridad en la agenda pública.
Más allá de lo planeado originalmente para la Ciudad Colonial están fuera de carpeta las obras imprescindibles para dotarla de espacios nuevos, subterráneos o elevados, para el estacionamiento masivo de vehículos de motor. Preocupa que no figure como objetivo imprescindible multiplicar la capacidad de alojar los medios de transporte de quienes visitan el intramuros. El perímetro más antiguo de la urbe, que desde ya toma nuevos aires como foco de atracción, no podría seguir por mucho tiempo caracterizado por las estrecheces viales y congestionamientos que desfiguran su aspecto a causa de la falta de sitios para estacionar.

Breve protocolo a tomar en cuenta

La presencia de patrullas mixtas por sitios urbanos podría impactar como inhibidor de conductas delictivas con los malhechores tradicionales pensándolo dos veces antes de arriesgarse. Un efecto demostración con armas largas y ropa de diseño bélico que como otras veces debe ser transitorio para que no vaya a pensarse que el país está a las puertas de una guerra. Tómese en cuenta que a los soldados los entrenan para combates diferentes a los que suelen sostenerse contra la delincuencia.
Quienes dirijan operativos deben instruir repetidamente al personal que va a las calles para que recurra comedidamente, y solo por riesgo de la vida, al empleo de los mortíferos instrumentos que portan. Evítese llevar a las tropas al estrés de falta de comida haciéndoseles saber que deben abstenerse de procurar la “cooperación” de civiles.