FABIO FIALLO 
Popular poeta romántico y opositor resuelto a la intervención militar del 16

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POR ÁNGELA PEÑA
El aposento era de dimensiones reducidas, el más pequeño de los tres de aquella casa solariega.  Una cama de hierro verde oscuro, un pequeño escritorio y dos armarios, uno de ellos empotrado, ambos repletos de viejos libros, cartas y papeles, bastaban para llenar la habitación.  Quedaba  poco espacio para ir y venir.  Compensando la exigüidad de la pieza, había una ventanita por la que se podía contemplar el estrellado cielo del Caribe antes de dormir, y por la que luego entraba, acompañando al frescor del alba, el dulce tañido de las campanas de la iglesia de Regina y del convento de los Dominicos.

“Esa enigmática habitación, en la que me alojaba cuando pasaba la noche en casa de mis abuelos Viriato y Atala Fiallo, era la misma que había ocupado el poeta Fabio Fiallo, padre de mi abuela, hasta el momento de marcharse a finales de la década de los 30 al exilio a Cuba, donde murió a los setenta y cinco años, en 1942, al lado de su hijo René.  Fue esa habitación, y en particular los libros del poeta que ahí me ponía de vez en cuando a hojear y leer, la que, junto a las anécdotas que escuchaba en las reuniones de familia, me permitió ir descubriendo poco a poco un bisabuelo que abandonó este mundo tres años antes de que ese mismo mundo me viera nacer.

“¿Qué retengo de esa experiencia inolvidable?  Primero, y sobre todo, el encuentro con la musicalidad de su poesía, fruto de un manejo de la sintaxis a la vez sutil y original.  Musicalidad en la que el significado de la estrofa, e incluso del poema entero, se esconde con cierto recato, queda suspendido en el aire, no se descubre hasta llegado el verso final.  Musicalidad de lo escrito que producía en mí una emoción no menos intensa que los discos de ópera que mi abuela y yo, justo después de cena, solíamos escuchar.  Con igual fuerza retengo también haber detectado, a través de los poemas de Fabio Fiallo que en esa habitación leí, las posibilidades insospechadas que ofrece jugar con las palabras, utilizarlas en permutaciones infinitas, empujar su empleo hasta los límites mismos de la semántica y de la etimología.

“Hacernos soñar, pues, no sólo con los sentimientos que su poesía expresa, sino también con las palabras y los giros en los que dichos sentimientos quedan plasmados en el papel.  He ahí lo que me aportó de manera indeleble, y con lo que se hizo presente, el bisabuelo que no llegué a conocer”.

A estas remembranzas del escritor Fabio Rafael Fiallo se une la valoración del intelectual Federico Henríquez Gratereaux, cuyos antepasados acompañaron al poeta en su lucha contra la ocupación yanqui de 1916. Entonces, una foto de Fiallo con traje de presidiario recorrió el mundo conmovido por el encarcelamiento.

“Fabio Fiallo es uno de los más notables poetas que ha tenido la República Dominicana, por supuesto, es un poeta romántico y tal vez la gente de hoy esté lejos de esa sensibilidad porque Fabio Fiallo, a pesar de su amistad con Rubén Darío y alguna que otra influencia que tuvo de la poesía modernista, sigue siendo, en todo lo esencial, un romántico seguidor de Gustavo Adolfo Bécquer y de Enrique Haine, pero un poeta de gran talento, un escritor muy cuidado en prosa. Escribió “Los cuentos frágiles”, además de producir una poesía muy hermosa”, manifiesta Henríquez Gratereaux.

 

Contra el invasor

Pero también, agrega Federico, “su actuación en la época de la intervención de 1916 a 1924 fue muy importante para el país porque, debido a su amistad con Rubén Darío, que murió precisamente en 1916, la fotografía de Fabio Fiallo con un traje de presidiario apareció en los periódicos del extranjero y eso hizo que mejorara el ambiente político a favor de la República Dominicana. Los Estados Unidos entonces aprisionaban a un poeta muy conocido, amigo de Rubén Darío, la persona que revolucionó la poesía hispanoamericana”, comenta.

Opina que la actuación nacionalista de Fabio Fiallo y su relación con el vate nicaragüense “ayudaron a la República en el aspecto público para que se produjera la desocupación”. Cita las tendencias existentes entonces que condicionaban la evacuación, la “Pura y Simple”, una, y la otra que contemplaba un tratado “que fue lo que finalmente primó y se hizo: el Tratado Hugh-Peynado”.

 
Después del trujillato

Al poeta Fabio Fiallo se le rindió el tributo de una pequeña calle con su nombre tras la desaparición de la dictadura trujillista. Es la antigua “10 de Septiembre”, luego “Benefactor”, que en la actualidad se denomina “Fabio Fiallo”.  Federico Henríquez Gratereaux piensa que a pesar de que Fabio Fiallo murió en 1942, tal vez no se le hizo el reconocimiento durante la llamada Era de Trujillo porque “Viriato Fiallo se distinguió por su oposición continua al régimen y él estaba casado con una hija de Fabio Fiallo, que además era su prima” (Atala).

Es posible, añade el distinguido escritor, “que Trujillo no quisiera honrar la memoria de un familiar de su enemigo. Además, Trujillo era el resultado de la intervención militar norteamericana, llegó a mandar la Guardia Constabularia que organizaron los norteamericanos a la salida, en 1924, cuando dejaron una policía hecha por ellos, el único cuerpo armado existente. De modo que Fabio Fiallo y la familia Fiallo no solamente eran enemigos de Trujillo sino que además representaban la oposición a la intervención norteamericana”, mientras que el tirano era un colaborador de los intrusos.

De los Fiallo, se le observa, sólo Federico colaboró con la dictadura. Henríquez Gratereaux asiente y agrega que “fue un personaje de ingrata recordación, pero Viriato, que luego dirigió la Unión Cívica Nacional, y sus hermanos Antinoe y Gilberto fueron enemigos del régimen, y en el caso del poeta, que ya había muerto en 1942, significaba la oposición a la intervención norteamericana”.

Henríquez Gratereaux recita  versos de Fiallo, En el atrio y Gólgota Rosa, y concluye: “Es una poesía muy hermosa, bien hecha dentro de los cánones estrictos de la métrica, la rima, la forma estrófica”. Fabio Fiallo estuvo muy ligado en sus luchas patrióticas a Francisco Henríquez y Carvajal, que era Presidente Provisional al momento de la ocupación. Así que  Federico Henríquez Gratereaux no sólo tiene en común con el poeta la condición de intelectual sino la coincidencia de ser descendiente de un compañero de combate contra el invasor yanqui.

“Francisco Henríquez y Carvajal era el padre de Pedro Henríquez Ureña, Max, Camila, y esa familia, junto con muchísimos otros dominicanos, iniciaron una campaña contra la intervención que tuvo un eslogan: la desocupación Pura y Simple. Fabio Fiallo y sus parientes cercanos estaban unidos en aquel entonces y apoyaban la posición del Presidente Henríquez y Carvajal”.

 

Fabio Fiallo

Hijo de Juan Ramón Fiallo y Ana María Cabral, nació en Santo Domingo el tres de febrero de 1866. Fue también maestro y periodista. Dirigió “El Hogar” y redactó “La Bandera Libre”, que contenía artículos contra la intervención lo que le valió ser encarcelado en la Torre del Homenaje.

Casó tres veces: con Prudencia Lluberes, con María Luisa Bonetti y con Carolina Almánzar. Fue cónsul en La Habana, Nueva York y Hamburgo. Entre sus hijos se cita a León Octavio René y Prudencia Atala, que casó con Viriato Fiallo. También a Margarita, Fabio Emilio y Julia Amelia. Murió en La Habana el 29 de agosto de 1942,  algunos escriben que el 28. Sus restos fueron trasladados al país en 1977 y descansan en el Panteón Nacional.

“Es el más popular de nuestros románticos”, dice de él Manuel Rueda, quien destaca el éxito que tuvo entre las mujeres. “En verdad Fabio Fiallo fue el poeta y fue el triunfador en las lides amorosas por su talento poético y por su apostura física”.

Publicó, entre otras obras, Primavera sentimental, Cuentos frágiles, Cantaba el ruiseñor, Plan de acción y liberación del pueblo dominicano, La cita, Canto a la bandera, La canción de una vida, Las manzanas de Mefisto, Poemas de la niña que está en el cielo, La Comisión Nacionalista Dominicana en Washington…