Faldas en la guardia

La forma definitiva para disminuir o controlar efectivamente la llamada “violencia de género” es la educación, pero ésta no se inyecta como un medicamento que en 8, 24 ó 48 horas hace su efecto; ella necesita introducirse desde la infancia hasta la adultez, con muchos años de trabajo familiar y social que deja sus cimientos en la conciencia de hombres y mujeres.

Por lo anterior es que hoy se hace una manifestación colectiva contra los feminicidios y mañana los periódicos registran dos, tres o cuatro en pocos días. Pero lo verdaderamente doloroso es cuando se escucha que algunas víctimas habían hecho dos, tres y hasta cuatro denuncias ante las autoridades y de todos modos sus asesinos completaron sus designios diabólicos.

He visto recientemente, no como novedad, pero sí con una frecuencia que llama mucho la atención, que se están incorporando a las fuerzas armadas y la policía nacional, muchas mujeres que, sin perder sus preciosos y apreciados atributos, lucen muy acomodadas a sus uniformes y dan la impresión de que están técnica y físicamente bien entrenadas para desempeñar sus funciones y se me ha ocurrido, como idea tonta, que los ministerios de fuerzas armadas e Interior y Policía den prioridad para reclutamiento, entrenamiento y designación en sus filas a mujeres con historial de abusos o amenazas de sus parejas, a fin de que ellas se preparen para perder el miedo y, a base de coraje y defensa propia especializada, mantener la distancia y seguridad que otras instancias no les proporcionan.

Intentar agredir a un guardia o policía bien adiestrado no es fácil, no importa que su vestimenta tradicional familiar sea una falda.