¿Fallida política educativa?

A1

He seguido el monitoreo de la salud del pueblo dominicano. Observo sobre la pantalla indicadores que muestran los esfuerzos gubernamentales por resaltar las distintas obras que inaugura. También noto que gran parte de la población tiene la vista fija en las denuncias de corrupción e impunidad estatal. Me llama poderosamente la atención las imágenes de altos dirigentes políticos del Partido de Gobierno y de la oposición, acusados por el Ministerio Público de recibir sobornos de la constructora brasileña Odebrecht. La secuencia en que se muestran los hechos confunde al espectador que no sabe si mira los capítulos de una larga novela, o si asiste a una ritual ceremonia religiosa donde se lleva a cabo el sacrificio del cordero. Me siento confundido y algo frustrado al no saber interpretar lo que mis ojos y oídos testimonian, razón por la cual opto por apagar el televisor.
Acudo a la biblioteca a consultar los clásicos con la esperanza de que me abran el entendimiento. Tropiezo con una tesis presentada en La Habana por Camila Henríquez Ureña para optar por el grado de doctora en educación, y publicada por su hermano Pedro Henríquez Ureña en Santo Domingo en la Revista de Educación Número XIV, año 1932 bajo el título “Las Ideas Pedagógicas de Hostos”. Recordemos que Eugenio María de Hostos fue catalogado a partir de 1880 como el fundador del moderno sistema educativo dominicano. Asumía Hostos: <<Del conocimiento se llega a la práctica del bien… El objetivo último de las ideas morales no es el conocimiento del bien y del mal, sino el ejercicio enérgico de la voluntad de apartarse de los vicios y alcanzar las virtudes… Formar hombres completos, en toda la extensión de la palabra, en toda la fuerza de la razón, en toda la energía de la virtud, hombres que sepan presentarse en el combate de la vida con la armadura y divisa del estoico… Al formar hombres completos, no lo quería sólo por dar nuevos agentes de la verdad, nuevos obreros al bien, nuevos soldados al derecho, lo quería también para dar nuevos auxilios a mi idea, nuevos corazones a mi ensueño, nuevas esperanzas a mi propósito de formar una patria entera con los fragmentos de patria que tenemos los hijos de estos suelos>>.
Regreso el libro al anaquel y selecciono otra joya afín: Hostos El Sembrador. Su autor, Juan Bosch, dice: <<El hecho más importante de mi vida hasta poco antes de cumplir 29 años fue mi encuentro con Eugenio María de Hostos, que tenía 35 años de muerto… apareció vivo ante mí a través de su obra, de sus cartas, de papeles que iban revelándome día tras día su intimidad; de manera que tuve la fortuna de vivir en la entraña misma de uno de los grandes de América, de ver cómo funcionaba su alma, de conocer en sus matices más personales el origen y el desarrollo de sus sentimientos. Hasta ese momento, yo había vivido con una carga agobiante de deseos de ser útil a mi pueblo y a cualquier pueblo, sobre todo si era latinoamericano; pero, para ser útil a un pueblo, hay que tener condiciones especiales>>. Aduce que por medio de esas lecturas logró identificar las cualidades requeridas. ¿Estarán presentes esas virtudes en los discípulos herederos de los dos partidos fundados por Juan Bosch?


COMENTARIOS