Falta sensatez

A pesar de la innegable flexibilidad que la sociedad dominicana ha mostrado, casi de manera permanente, hacia la inmigración haitiana, persisten en Haití sectores agresivos que suelen interpretar toda medida regulatoria como una conspiración contra la nación haitiana. Pareciera que esos sectores, entre los cuales hay algunos medios de comunicación, consideran que la República Dominicana debe aceptar todos los inmigrantes que quieran establecerse en nuestro territorio. Si esta es la pretensión, sencillamente no es posible. Ningún país del mundo, por poderoso que sea, está en condiciones sociales y económicas de hospedar a todos los migrantes que toquen sus puertas. El territorio tiene límites y también las posibilidades de albergue. La República Dominicana ha necesitado y necesita todavía la mano de obra haitiana. Desde finales del siglo 18 hemos tenido haitianos en la industria azucarera, en las plantaciones de arroz y de café y cacao, en la industria de la construcción y en la agricultura en general, y ahora en muchas áreas de servicios. Un mercado de trabajo muy duro y en condiciones habitables que no siempre han sido las mejores. Sin embargo, los haitianos lo han preferido al alto desempleo de su país. Lamentablemente, esta inmigración no siempre ha sido ordenada. Las responsabilidades de esta desorganización tenemos que buscarlas a ambos lados del Artibonito. En los últimos años, empero, los dominicanos han creado mecanismos para documentar a todos los extranjeros, un esfuerzo que conviene a todos los habitantes de la isla. Para nuestra frustración, empero, algunos sectores importantes de la sociedad haitiana rechazan los medios implementados para lograr esta documentación, y no solo no han cooperado sino que los han torpedeado y los han exhibido como una prueba de animosidad. Hubiera sido preferible y más útil que las autoridades haitianas recurrieran a la diplomacia para discutir las medidas diseñadas por el Gobierno dominicano. ¡Otra fuera la historia de este esfuerzo!

Ahora, Pedernales

Los recientes incidentes de Pedernales no pueden verse ni valorarse como una cacería de brujas empujada por las autoridades dominicanas. Pensarlo así es una incomprensible expresión de insensatez. La verdad es otra. Las autoridades dominicanas se han movido con rapidez para evitar que el dolor y la emoción de una comunidad herida por la muerte de dos ciudadanos, se traduzcan en acciones al margen de la ley contra inmigrantes haitianos.


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