Faltan reformas en la enseñanza

Invertir el 4% del PIB en Educación no nos servirá de mucho si se mantienen los criterios que rigen la enseñanza. Y el argumento no forma parte de ningún discurso opositor, sino que se inspira en las observaciones puntuales que contiene el boletín “Alfabetización para el siglo XXI”, del Observatorio de Políticas Sociales y Desarrollo de la Vicepresidencia de la República. Todavía nuestros estudiantes de los niveles primario e intermedio salen hacia el bachillerato con lagunas y llegan a las academias superiores con una formación que deja mucho que desear.
A cuatro años de estar invirtiendo un 4% del PIB en enseñanza, no se aprecia que haya mejorado entre nuestros estudiantes la inclinación por la lectura como medio de aprendizaje e investigación. No hay cultura de lectura ni espacios que la estimulen. El boletín apunta, con mucha razón, que un motivo de deserción escolar es que lo que ofrece la escuela no despierta el interés de una proporción bastante alta de escolares, lo que los convierte en analfabetos funcionales.
Con todo y la alta inversión, no se nota una mejora de la calidad docente para transformar a los estudiantes en agentes de cambio, provistos de habilidades y con buen desempeño en las materias de sus respectivos niveles. Hay que hacer una reingeniería de la enseñanza. Hay recursos suficientes.

Héroes anónimos

En cada situación de desastre, las mismas fuerzas que convierten a unos en víctimas llenan a otros de grandeza, pero los nombres de estos últimos generalmente quedan en el anonimato. Los rescatistas, esos hombres y mujeres que voluntariamente se suman a los organismos de socorro, llevan en las venas sangre de héroes que se juegan la vida por salvar las de aquellas personas en riesgo de morir por los efectos de las fuerzas de la naturaleza. En cada temporada ciclónica se les encuentra allí donde está el peligro.
Hay historias que erizan la piel, sobre actos de heroísmo protagonizados por estos seres anónimos. Durante el paso de Irma y luego de María mucha gente salvó la vida gracias a la actuación oportuna y arriesgada de los rescatistas. Son héroes anónimos dignos de admiración y respeto.


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