Feria de la Paz y Confraternidad

28_12_2017 HOY_JUEVES_281217_ Opinión9 A

Hace 62 años que la “gentil y culta” señorita María de Los Angeles del Corazón de Jesús Trujillo Martínez (Angelita) fue coronada como reina de la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, un evento mesiánico que su padre, el generalísimo Trujillo organizó para conmemorar su Bodas de Plata (25 años) en el poder. La “niña mimada” vistió un traje especial confeccionado por las hermanas Fontana, de Roma, que costó la friolera de 80 mil dólares, sin incluir los otros 75 mil dólares de la corona, el cetro y el broche de la reina. En total esas indumentarias le salieron al país por, nada más ni nada menos que US$155,000. El presidente de la República, generalísimo Héctor Bienvenido Trujillo Molina (Negro), tío de la soberana, colocó la corona a la “graciosa majestad Angelita I”. Presentes en la mesa central el “generalísimo Dr. Rafael Leónidas Trujillo Molina, comandante de las Fuerzas Armadas, y su “distinguida esposa, la escritora, doña María Martínez de Trujillo”. El “famoso escritor dominicano”, (así consta en la memoria de la feria) Dr. Joaquín Balaguer, pronunció la espléndida pieza oratoria, en donde resaltó las múltiples cualidades femeninas” de la señorita Trujillo Martínez.
El escritor Robert Crasweller, en su libro “Trujillo: La trágica aventura del poder personal, afirma que cuando se inauguró la feria, en el año 1955, el dictado tenía un panorama halagador, porque las amenazas contra su Gobierno habían sido momentáneamente eliminadas. En Venezuela gobernaba su amigo Marcos Pérez Jiménez; en Cuba estaba el general Fulgencio Batista, y en Guatemala Jacobo Arbems fue desalojado por Carlos Castillo Armas, cuyas obligaciones con Trujillo comprometían su respaldo desinteresado. En el vecino Haiti, el presidente Paul Magloire y el Jefe mantenían buenas relaciones.
En el discurso inaugural del certamen el generalísimo Trujillo expresó: “Esta Feria refuta las falsas y cínicas promesas del comunismo y subraya la verdad de nuestro progreso y de nuestra prosperidad. No es el trabajo de esclavos el que ha construido esta feria. Esta feria es el producto de la libre expresión, del trabajo libre y de los pueblos libres”. Dijo que “Una afirmación que no es de jactancia ni de orgullo, sino de convicción y de fe, puedo hacer hoy a mi pueblo, al comparecer ante él para darle cuenta de mi labor al servicio de sus intereses supremos, y es el siguiente: el legado que se me confió hace 25 años, ha sido magnificado como una herencia sagrada que juré entregar aumentada y sin mancilla a quienes un día la recojan de mis manos para seguir engrandeciéndola en la continuidad de las generaciones”. Y al final de su intervención afirmó: “recibí una nacionalidad vacilante, con su patrimonio territorial todavía indefinido, y hoy puedo ofrecer a mis conciudadanos un país donde el trazado geométrico de su frontera se ha completado con una fecunda obra humana por medio de la religión, la cultura y el trabajo”. Otro orador en el acto fue el señor Virgilio Alvarez Pina, gobernador del Distrito Nacional y presidente de la comisión organizadora de la feria
Paralelamente con la Feria de la Paz, Trujillo celebró la “Feria del Libro Iberoamericano, dedicada a “la distinguida escritora” Doña María Martínez de Trujillo” y una tercera denominada “Feria Ganadera Internacional”, evento que duró una semana y donde el 99 por ciento de los ejemplares exhibidos pertenecían a la Hacienda Fundación, que el dictador tenía en San Cristóbal. La Feria de la Paz costó más de 30 millones de dólares. Los cálculos de los organizadores, y particularmente del propio dictador, estimaron que a la jornada acudirían centenares de miles de personas, lo que no se materializó y la operación lucrativa que debería haber sido la inversión, quedó trunca.
La Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre cubrió el área comprendida entre la avenida Independencia y el Malecón, desde la Abraham Lincoln hasta la parte oeste, en el denominado Barrio 30 de Mayo, frente a la clínica Independencia. El “recorte” de calle que hoy se conoce como Comandante Jiménez Moya, fue bautizado como “Avenida de la Paz”, por instrucciones del Jefe. Majestuosos edificios que sirvieron de pabellón para las exhibiciones de los diferentes países participantes, ocupan las oficinas de ministerios y organismos descentralizados (Trabajo, Senado, Ayuntamiento del Distrito Nacional, INDRHI, Suprema Corte de Justicia, CEA, etc.) con excepción del “precioso” Teatro Agua Luz Angelita, convertido desde hace decenas de años en escombreras, así como el vistoso pabellón de Venezuela, ubicado en el ala Sur del CEA, que también es un antro de drogas y prácticas sexuales. Otras dos magníficas estructuras: el Hospital Robert Read Cabral (antes Angelita) y el Banco Agrícola, ambos en el Malecón, fueron concebidos como morada para los miles de participantes que se estimó asistirían al evento. La Feria fue la culminación de un cuarto de siglo, así como también vino a indicar el comienzo de la declinación de la Era de Trujillo. El evento produjo pocos ingresos, y la esperanza de una asistencia masiva quedó desvanecida.