Fernando Infante y la Era de Trujillo

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14 agosto, 2007 12:00 am Sé el primero en comentar

UBI RIVAS
En su sexta obra publicada, La Era de Trujillo, en dos tomos, editorial Collado, 874 páginas sin el menor desperdicio, Fernando Infante sienta un precedente clave y básico, para en lo sucesivo, que nadie pueda permitirse la licencia de equivocarse y manipular todo lo acontecido en esa etapa tenebrosa de nuestro acontecer histórico.

Ese es el gran valor y aporte de este acucioso, pertinaz, sencillo, esforzado investigador, historiógrafo, articulista de fina galanura y honda penetración en los temas que aborda, generalmente de jaez histórico, en el periódico HOY.

Sobre la Era de Trujillo, durante y después, por lo menos conservo en mi humilde biblioteca de consulta más de 400 tomos, que supera muy mucho los dedicados a todos los prohombres que han escrito la historia vernácula, empezando por el Padre Inmaculado de la Patria, Juan Pablo Duarte Díez, que dispone de menos de una docena de títulos y la tríada que compone las referencias más señeras de la patria, Francisco Sánchez del Rosario y Matías Ramón Mella, menos de cinco cada uno.

Al déspota Ulises Heureaux le han escrito más que a estos dos próceres, unos doce títulos, y al etnarca Ramón Cáceres, el genocida de Guayubín y El Higüero, media docena.

Fueron dos años de cuatro horas diarias, comprobadas por el suscrito, que Fernando apuró las colecciones de diarios que gentilmente le proporcionó el inolvidable afecto insepulto Ramón Alberto Font Bernard, cuando se desempeñó como director del Archivo General de la Nación, y que tanto le alentó el actual, el reputado y consagrado historiador académico Roberto Cassá.

Lidiando con los ácaros de papeles amarillos oscuros, el calor tropical y los mosquitos, Fernando parecía un poseso en procurar del trasvase de los pormenores nímios, cronológicos, que dieron forma, como un escultor a una masa, a la Era de Trujillo.

En esa cronología estricta, sin manoseos mañosos o personalmente interpretativos, ciñéndose con la rectitud que en todo los procederes de la vida identifica a Fernando Infante, desglosa día por día, mes por mes, año tras año, desde enero 2 de 1930 hasta noviembre 20 de 1961, que es el día en que el presidente Joaquín Balaguer asume la titularidad de las FFAA, una vez el general Ramfis Trujillo abandonara el país luego de incurrir en la cobardía horrible y abominable de asesinar a los que ajusticiaron a su progenitor que vulneró sin piedad los derechos más elementales de sus paisanos, todo el tenebroso acontecer de aquella etapa tenebrosa de nuestro acontecer histórico de 31 años y siete meses pesadillescos.

Todos los detalles, aún los más nimios, son atrapados, vertidos, consignados en esta monumental obra de aporte invaluable para los estudiosos de la historia, historiadores profesionales, aficionados, profesores y maestros de todos los niveles de instrucción, tratadistas, politólogos, sociólogos, siquiatras, comunicadores, estudiantes, es decir, todo lo vinculado al conocimiento o relato de los hechos pasados que es el nombre formal de la historia.

Por ejemplo, que los hay en sus 874 páginas, en la 33 del primer tomo, en su parte final, se destacan los intelectuales primeros que consintieron su apoyo al naciente déspota, en las figuras de Ulises Heureaux hijo, Manuel de Jesús Galván, Emilio Morel, Jaime Vidal Velásquez, Leoncio Ramos, doctor Francisco Benzo, Francisco Espaillat de la Mota, Francisco Sanabia hijo, Opinio Alvarez Maninardi, Marino Incháustegui, Juan Valdez Sánchez, Alberto Font Bernard padre, Andrés Avelino, Buenaventura Sánchez, Julián Suardí, Juan Pardilla, Domingo Moreno Jiménez.

A esos intelectuales y profesionales se unían el licenciado Moisés García Mella, Arturo Despradel, Arístides Fiallo Cabral, Rodolfo Coiscou, Angel María Soler, Luis F. Mejía, César Tolentino Rojas, Américo Lugo, Federico Henríquez y Carvajal, Max Henríquez Ureña y naturalmente, Joaquín Balaguer.

Confirma el aserto que el suscrito ha tratado desde hace tiempo precisamente con Fernando Infante en su hogar, con el desaparecido Ramón Alberto Font Bernard, ingeniero Francisco Catrain Bonilla, doctor Francisco Brugal Muñoz (Titico), ingeniero Alberto Campagna, Aliro Paulino Segura, de que realmente Trujillo fue una consecuencia original de los intelectuales de Santiago de los Caballeros, Rafael César Tolentino, Rafael Vidal Torres, Rafael Estrella Ureña y Joaquín Balaguer, y también de los generales santiaguenses Antonio Jorge, Samuel Mendoza (Piro Mata), José Estrella, Simón Díaz.

Ramón Alberto Font Bernard siempre nos cuestionaba a los que participábamos en la tertulia diaria por él presidida, como, en efecto, un brigadier sin apellido ni cultura, sin clase social alta, inclusive con expedientes judiciales conocidos, obtuviese tanto apoyo por tantos desde un principio, sobre todo, de las clases altas, intelectuales y altos militares, fenómenos que el propio Font calificaba de “enigma”.

El aporte suculento y cronológico de la Era de Trujillo de Fernando Infante, escudriñado con la requerida calma, explicará éste y todos los pormenores de su decursar entre excesos y también aportes a la construcción del Estado dominicano moderno.

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