Fernando Varela de cerca y de lejos

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Para quien escribe de arte, es una suerte seguir la carrera de un artista desde sus comienzos.
Esa ventura nos sucedió respecto a Fernando Varela: cuando él llegó al país y empezó su “obra dominicana”, casi nos iniciábamos en la crítica, y hemos podido asistir a una evolución, cada vez más espectacular y personal.
Su prudencia y dedicación temática cedió pronto ante una creación plural, tanto en dimensiones y formas como en categorías y propuestas.
La muestra cuidadosamente montada en ARS Contemporáneo, que reúne dibujo, pintura y escultura, alcanza tanta calidad que para nosotros es la mejor exposición individual que Fernando Varela ha presentado. Ahora bien, las exposiciones recientes de este gran artista dominico-uruguayo causan una emoción estética que las hacen situar como cimeras en su trayectoria profesional…
La exposición. Queremos, antes de referirnos a la muestra en sí, elogiar el magnífico texto de presentación que escribió Paula Gómez, una verdadera pieza antológica.
No solamente es portador de los conocimientos de la autora, sino de su particular sensibilidad, correspondiendo a la fuerza de inspiración que las obras de Fernando Varela transmiten, vistas de lejos y de cerca…
Desde que llegamos al área de la exposición, entre pinturas y esculturas, óptimamente dispuestas en el espacio, estas provocan, en sus diferentes conjuntos, una suerte de energía perceptiva e implican la emoción estética.
Al acercarnos, la vibración del color, unida a los ritmos formales, comunica una vida plástica, a la vez autónoma y motivante. No es frecuente que la abstracción suscite una reacción tan sensitiva. Además, la obra de Fernando Varela, fruto de una introspección filosófica y espiritual, suele apelar a una contemplación reflexiva…
A partir del hallazgo de una piececita de origen familiar, se produjo un cambio ascendente, no solo creativo, sino sicológico y sensorial. “Close-Ups” consagra, pondera, acentúa, ese fenómeno evolutivo y numen de Fernando Varela.
Si estas piezas tridimensionales concilian la mirada con la distancia –de mayor a menor–, también debemos desplazarnos, movernos a su alrededor: entonces nosotros variamos los enfoques y las perspectivas. Hay artistas que hacen girar sus obras eléctricamente, preferimos la solución de nuestro movimiento discrecional en tiempo, ritmo y pausas, disfrutando a nuestro antojo los cortes, los vacíos, las inclinaciones.
Obras maestras. Hay aquí una unidad cualitativa, prácticamente “absoluta”. Todas las obras, bi- y tridimensionales, se caracterizan por la “premeditación” y una ejecución de rigor insuperable. Sin embargo, cada espectador tendrá sus predilecciones…
La magna pintura cuadrada, -que encierra 121 módulos-, es una obra maestra en su categoría., con su movilidad óptica perpetua, siendo distinta cada una de las verdiazules “fragmentaciones”. Una hazaña del oficio, del estudio, de la paciencia, del recuerdo…
En la escultura y su volumetría inteligente trabajada a partir de láminas planas, también deslumbra el color, ese rojo ardiente, ese verde casi ecológico. Y, en nada, la monocromía disimula el esplendor del acero corten – que vimos por primera vez en Puerto Rico, trabajado por Pablo Rubio-. Negro, gris, plateado, más buscan la solemnidad y vuelven histórica la geometría abstracta.
Si, un día, nuestro arte público se dignifica, ¡cuan maravillosa sería una estructura monumental de Fernando Varela, que elevaría real-simbólicamente nuestros ojos hacia el cielo!