Forense: ¡Donde quiera se cuecen habas!

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En los años ochenta del finalizado siglo XX participamos en la investigación forense de una serie de accidentes quirúrgicos iatrogénicos, unos hijos de la impericia y otros productos de la imprudencia o del azar. Relato la penosa, dolorosa y tormentosa situación que le tocó vivir a una señora dominicana residente en el estado de La Florida, Estados Unidos.
No hacía mucho tiempo que había unido su vida a un apuesto joven con quien soñaba permanecer atada hasta que la muerte los separara. Desafortunadamente la dama enfermó repentinamente, por lo que hubo de ser transportada a la emergencia del hospital Jackson Memorial de la ciudad de Miami. Los médicos del referido centro llegaron al consenso de que era necesario, en lo inmediato, someter a la paciente a una cirugía abdominal exploratoria. Luego de un par de horas en el quirófano, la operada fue trasladada a la sala de recuperación para después ser conducida a una sala común.
Días más tarde era dada de alta en condiciones satisfactorias. A las cuatro semanas, el marido trató de modo infructuoso de sostener relaciones sexuales con su cónyugue. Un agudo dolor en el vientre impedía a la convaleciente sostener el peso del cuerpo de su marido. Juntos visitaron al cirujano, quien luego de un interrogatorio y examen externo de la mujer optó por referirla al psiquiatra.
Casi dos meses estuvo este especialista atendiendo a la pareja hasta que el preocupado varón buscó la asesoría de un abogado, logrando de manera rápida una sentencia de divorcio.
Abandonada, desilusionada y enferma, la ingratamente sorprendida divorciada regresó a su suelo natal.
El dolor abdominal se tornó más intenso y permanente, por lo que fue necesario someterla a una laparotomía tras la cual se descubrió una enorme compresa de hilo, arropada por asas intestinales que habían formado un plastrón dentro de la cavidad peritoneal. El diagnóstico post quirúrgico fue de peritonitis con plastrón intestinal debido a un cuerpo extraño tipo compresa de hilo.
La pieza quirúrgica fue enviada al departamento de patología para estudio y reporte anatomo-patológico. Luego de medir, pesar y describir minuciosamente el espécimen, se realizaron fotografías de alta definición y se emitió el informe pericial.
Fui citado junto al cirujano que intervino a la señora en Santo Domingo, a una audiencia en la corte judicial del condado de Miami. Tras largos, profundos, y detallados interrogatorios leímos el informe sometido al tribunal.
Finalmente las autoridades del renombrado centro de salud, a través de su aseguradora de riesgos y los abogados demandantes pactaron un acuerdo de pago de indemnización millonario a la agraviada, incluidos los gastos de corte. Se tomó en consideración los meses de sufrimiento físico y psíquico de la paciente, así como las pérdidas emocionales y financieras que implicó la rotura del matrimonio.
Algo que el dinero no pudo restaurar fue la reunificación de estos dos enamorados, quienes antes habían prometido amarse hasta el fin de sus vidas, en donde una negligencia quirúrgica llevó a la separación permanente, y casi al sepulcro a la enferma, a no ser por la intervención oportuna de un consagrado equipo médico dominicano.
De haber fallecido, posiblemente se hubiese sellado en la tumba, el secreto de la causa real muerte. Sigue siendo una verdad de Perogrullo, que la calidad en las atenciones de salud la define el recurso humano; amén de reconocer que donde quiera se cuecen habas.


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