Forense: muertes causadas por monóxido de carbono

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Hace años me visitó un joven intelectual que lucía ansioso y bastante preocupado. Expresó que había gente dispuesta a hacerle daño mortal y que para ello habían utilizado las rejillas del aire acondicionado de su apartamento. Explicaba que por el tubo del acondicionador inyectaban un gas llamado monóxido de carbono pero que él se había percatado, por lo que siempre mantenía abiertas las ventanas de las habitaciones.
Fue entonces cuando me di cuenta, que el profesional visitaba al especialista equivocado, puesto que resultaba obvio el delirio de persecución que sufría aquel individuo. Le pregunté dónde y cómo aprendió que una buena ventilación era el antídoto ideal para prevenir la muerte silenciosa, bajo un sueño profundo, en lugares donde circula ese veneno gaseoso. Refirió que vivía estudiando a priori, a través de internet, las distintas modalidades de armas que sus enemigos tenían en mente usar para ponerle fin a su vida.
Lo que definitivamente me llevó a pensar que el hombre no andaba bien de la mente fue el hecho estadístico de que rara vez ese gas se utiliza para llevar a cabo actos homicidas. La gran mayoría de las muertes causadas por ese tóxico son accidentales. Una pequeña cifra corresponden a suicidios.
La casuística nacional urbana de intoxicación letal por el monóxido de carbono corresponde, en su mayoría, a parejas que al penetrar en sus vehículos en el garaje de los moteles, olvidan apagar el motor, y en pocos minutos resultan asfixiados. No sabemos la cifra de fallecimientos en apartamentos y sitios cerrados, en donde los continuos apagones llevan a la gente a utilizar pequeños generadores portátiles. Dichos usuarios no se percatan del peligro que implica encender una planta eléctrica en un sitio sin la adecuada ventilación.
Aunque anualmente los propietarios de vehículos deben pagar un tributo por una revisión de la seguridad de su carro, camioneta o camión, lo cierto es que en la práctica lo que se hace en un alto número de casos es un simulacro. Recientemente salió a la luz pública el trágico incidente en que perecieron una niña, una adolescente y una adulta joven, cuyos cuerpos sin vida fueron descubiertos en el interior de un carro. Los cadáveres tenían varios hallazgos en común lo que obligaba a los investigadores forenses a plantearse una sola causa de muerte.
Mucha gente no se percata de que la combustión de cualquier material orgánico suele ser incompleta, es decir, cuando quemamos, digamos gasolina, gasoil, kerosene, o gas natural, se deriva una molécula tóxica de carbono unida al oxígeno. Esa unidad de materia gaseosa cuando se respira se introduce en la hemoglobina de los glóbulos rojos de la sangre, desplazando y sustituyendo al oxígeno presente provocando una asfixia química inmediata de consecuencias fatales. Característicamente, si la víctima es de tez clara, la misma se tornará de un color rojo cereza o carmín. Igual tinte asumirán los órganos internos del cuerpo.
El diagnóstico se confirma midiendo el porcentaje de carboxihemoglobina en un laboratorio de hematología. La documentación y estudio de la escena, conjuntamente con los resultados de la autopsia y la correspondiente analítica toxicológica son suficientes para despejar cualquier tipo de duda.
Es así como se establece de modo claro, preciso y sin ambigüedades, la causa básica y la manera jurídica de estas muertes que tanto revuelo, zozobra y consternación provocan en la ciudadanía.


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