Freud, ciencia, mitología, rebeldía, incredulidad

Rafael Acevedo

Freud, como judío, conocía historia, tradiciones, leyendas y mitos bíblicos. Vivió la rebeldía de sus gentes respecto a las escrituras y los mandamientos, y sufrió persecuciones de que fueron objeto. Por su oficio, estaba familiarizado con los conflictos personales que con las normas religiosas y culturales tienen judíos, cristianos, incrédulos o paganos. Y a determinadas formas de dureza de corazón, las denominó “mecanismos de negación (de defensa), formas en que la mente evade lo que no puede o desea admitir conscientemente.
Mitos y leyendas, con los años, suelen irse modificando según las necesidades emocionales y psicosociales de cada época, de grupos e individuos. Los mitos son como paradigmas, ejemplos que queremos recordar porque nos ayudan a entender, a organizarnos y a vivir. Pueden tener origen en hechos y revelaciones, en sueños o imaginaciones. Siendo luego utilizados, enriquecidos, deformados o derogados, tanto por las masas como por élites gobernantes cuando dejan de serles funcionales y convenientes.
Cualquiera que haya vivido cinco décadas puede recordar cómo han ido variando las figuras, imágenes o representaciones de hechos y personajes históricos. En el imaginario popular, Trujillo pasó de ser “el perínclito” que multitudes aplaudían, a ser “el sátrapa” por todos despreciado.
A Bosch ya nadie lo recuerda como “el ovejo”; a Peña Gómez le bastó morirse para que, ipso facto, sus habituales detractores lo enaltecieran. Resultando luego que estos hombres fueron tan excelentes que hasta sus antiguos rivales los utilizan para reconvenir a sus herederos políticos.
Los mitos son paradigmas, referentes de gran importancia para los pueblos.
Y, guardando distancias, se comportan como las teorías, los conceptos y modelos de las ciencias: todo científico sabe las diferencias entre realidades abstractas, como los conceptos y las teorías, o como un paradigma o modelo; y la realidad empírica, experienciable (material y concreta). Siendo error usarlos como si fuesen la realidad o verdad “en sí mismas”.
A diferencia de las hipótesis, mitos y teorías no son falsificables ni demostrables. Como los modelos, son científicamente útiles o no. La Competencia Perfecta, el tipo ideal descrito por Adam Smith, nunca ha existido, pero sin este modelo es casi imposible entender muchos fenómenos económicos. El modelo quántico y el corpuscular, compiten en cuanto a eficiencia respecto a explicar determinados comportamientos de la luz; en ciencias sociales, el modelo del conflicto social explica mejor los cambios históricos, mientras que el modelo funcionalista explica mejor cómo funcionan las estructuras sociales.
Probablemente no exista la forma de explicarles a primitivos o contemporáneos, cómo Eva fue “clonada”, o María “inseminada”.
Aunque hoy pareciera fácil, luego que veterinarios ingleses clonaran ovejas. Podríamos fácilmente aceptar aquello de que Dios ve y oye todo, luego que CIA-FBI-KGB-GESTAPO desarrollaron el espionaje satelital digitalizado. Pero, como hubiese advertido Freud, si él mismo y otros no hubiesen endurecido de frustración y orgullo sus corazones, la dificultad para tener un encuentro personal con el Dios de su pueblo es más psicosocial que científica. Porque antes de entender y creer hay que tener necesidad y disposición, y “… antes de amar debe tenerse fe” (bolero).


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