Gente que se va, se va… y se fue

La nación está entregada parcialmente a un proceso migratorio desgarrador de familias porque raramente estas pueden instalarse de manera integral en los sitios de sus sueños de progreso. En quince años el número de ciudadanos de este país que se fue al exterior aumentó en un 50%. Un proceso inverso se está dando con énfasis reciente: la llegada de inmigrantes, la mayoría haitianos, que pueblan asentamientos urbanos y rurales cubriendo áreas laborales, incluyendo la construcción, en la que la mano de obra importada se considera imprescindible. En algunas localidades fronterizas los extranjeros compiten en cantidad con los dominicanos o los superan. El perfil poblacional en marcha expresa, en primer término, la incapacidad del crecimiento económico para arraigar ciudadanos en su patria.
Queda visto que la desesperanza domina a amplios sectores con manifestación de desempleo en la juventud y en las mujeres, y un particular perjuicio para la sociedad que se manifiesta en adultos de 30 años o menos que no trabajan ni estudian. Ciertas verdades dolorosas del presente tienen que ser enfrentadas a partir de las elocuentes radiografías que muestran una elevada deserción escolar media y de educación superior sumadas a la desarticulación entre los planes de estudios vigentes y su utilidad para las innovaciones industriales y de servicios que encaminarían el país hacia el verdadero progreso.

“Errores” que cuestan vidas

El reciente deceso del periodista Carlos Acevedo tras no recibir la atención médica de urgencia a la que tenía derechos en Puerto Plata es atribuido ya, tras indagaciones, a “fallas y errores” en el manejo de su caso. Persistió con él la manifiesta falta de humanidad que en la seguridad social con frecuencia coloca a la vida humana a depender de la aparición a tiempo de un carnet o de una garantía económica aunque lo que está en riesgo carece de valor monetario.
La obligación única de estabilizar en sus signos vitales a pacientes graves por causas naturales o accidentales puede implicar mortalidad si no se ingresa de inmediato a procedimientos médicos que incluyan cuidados intensivos en las mismas clínicas. El luctuoso final de Acevedo expone una insuficiencia inaceptable en las atenciones de emergencia.