¡Gracias, Odebrecht!

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Hasta en este país de corrupción sistémica y endémica, profunda y burlesca, donde todos los partidos (grandes y pequeños) han patrocinado la corrupción desde el Gobierno, Odebrecht no salió ilesa; y no fue por los sobornos, ¡oh no!, fue por el monopolio que irritó a los Estados Unidos.
En este país, ubicado en el mismo trayecto del sol, como dijo el poeta, donde el calor no da tregua, cada gobierno tiene sus expedientes, su lista de corruptos cuando la cosa se aprieta; pero todo pasa, todos se protegen.
Odebrecht fue hueso duro de roer porque vino de Nueva York y Brasil.
Una vez explotó, se interrogó y se encartaron 14. Pero aún no se sabe exactamente quiénes fueron sobornados, por quién, ni por cuánto. Algún día aparecerá un reporte del Ministerio Público mal instrumentado.
Por el momento nadie es culpable. No porque lo diga un juez, ni la sala penal, ni porque el juez de instrucción cambiara de opinión sobre las medidas de coerción. Se dijo en los medios de comunicación. Los encartados, se ha repetido hasta el hartazgo, son personas con arraigo, no representan peligro de fuga, merecen estar en sus casas. ¿Ha escuchado usted alguna vez tanta defensa de los pobres en prisión preventiva?
¡Gracias Odebrecht! Vemos que aquí hay muchos “defensores públicos” de los ricos. Unos días en Najayo fue suficiente para reivindicar mediáticamente y judicialmente a los encartados.
Si usted espera que la indignación social traiga la revolución ética, no enloquezca, cójalo despacito.
No están todos los que son, no son todos los que están, los que están no son, los que son no están… Es un rap.
La lista de perjuicios de la corrupción es bien conocida. Es un robo, una injusticia; con ese dinero se hubieran construido escuelas y hospitales, contratado médicos y maestros, reforestado el país y organizado el tránsito. Pero ¡ah!, también hay muchos beneficiarios de la corrupción, por todos lados, dispuestos a mantener el sistema intacto.
Con el escándalo, los políticos se asustaron un poco, solo un poco. Muchos tienen su expediente, y la única forma de seguir enriqueciéndose es todos encubriéndose. De vez en cuando, si alguien va brevemente a Najayo, es una ligera penitencia por tantos pecados.
Los empresarios aprendieron que si se pasan de contentos se les aprieta el juego. Ellos también llevan su lista de negocios sucios.
Los dirigentes verdes aprenderán que la dispersión de demandas no conduce al triunfo. Que un movimiento social, para ser exitoso, debe mantenerse enfocado en reivindicaciones concretas y viables en un momento determinado, y que la pretendida osadía en las demandas se convierte eventualmente en fracasos, porque el Estado es difícil de vencer por un movimiento social.
Y si el objetivo es transformar totalmente el Estado, el movimiento Marcha Verde tiene entonces que trascenderse a sí mismo, para convertirse en opción de poder compitiendo electoralmente. El Estado no se desploma porque se pida en manifiestos.
En esta época que no es de zafra electoral y abunda el aburrimiento político, Odebrecht tuvo convocatoria de telenovela brasileña. Y digo tuvo, porque los encartados han sido todos liberados sin grandes protestas. En muchos programas los defendieron, los jueces los liberaron, y la dirigencia de Marcha Verde enfiló sus cañones para otros lados cuando los encartados estuvieron en Najayo. Todos han allanado el camino al Ministerio Público para que poco suceda.
Con el mea culpa internacional, Odebrecht va camino a renovar contratos; y son tan gandidos, que dizque piden más dinero. Tal vez haya más sobornos en camino para funcionarios y legisladores dominicanos.


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