Gregorio García Castro en el recuerdo

Ubi Rivas.

Recordar cada día a Gregorio García Castro, como acontece conmigo, no cuando se cumple la fecha de su asesinato, idéntico a Orlando Martínez Howley, es motivo de congojas y temblor de emociones, porque con los dos compartí la más sincera y profunda amistad.
Todos los días contactábamos, él como jefe de Redacción de Última Hora, yo como gerente comercial del vespertino. Mi despacho el primer piso de Última Hora, la redacción el segundo.
Virgilio Alcántara era el director ejecutivo; Moisés Pellerano, director; la redacción César Medina, Juan Bolívar Díaz; César Rivera, Aníbal de Castro, Mario Emilio Pérez y Pascal Peña.
Goyito escribía diario En un Tris, la columna más leída del diarismo de siempre. Julio César Martínez escribía PROA. César Medina, talentoso, ágil, producía casi diario el titular de primera página. Goyito me confiaba lo preveía.
Cada día, de 12:55 a l: 00 pm Goyito producía un comentario de la principal noticia del día por Color Visión, que entonces tenía su planta en el hotel Jaragua, y cuando terminaba, lo esperaba en mi casa para almorzar.
Por las tardes, luego de las seis, nos íbamos al Vesubio. Compartíamos casi todo el día.
La noche de su crimen, convinimos acudir a las 8:00 a una entrevista con el ganadero Miguel Castro Valdez en el hotel Naco, donde hoy está el Supermercado Fresh, pero me dijo, a las 7:45 cuando lo llamé, que tenía que corregir y titular 18 noticias de corresponsales, y que lo excusara, optando por quedarme en casa.
Menos de una hora después, me llama Héctor Acosta, esposo de Piki Lora, para decirme que habían asesinado a Goyito. Ver su cadáver encharcado de sangre me desplomó.
Fue un crimen de Estado atribuido a elementos policiales. Pendiente de concluir, 45 años después.


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