Guerra con instrumentos comerciales y políticos

EDUARDO KLINGER PEVIDA.
EDUARDO KLINGER PEVIDA.

Es ingenuo pensar que cuando una potencia aplica restricciones comerciales – por vía arancelaria o cuotas de importación – la potencia afectada no va a responder con igual o mayor saña. Entre grandes las afrentas se contestan. Otra cosa es cuando la víctima somos países pequeños. Inevitablemente el cañoneo arancelario de Trump tenía que traer consecuencias y ya el dragón asiático empezó a lanzar fuego. Primero fue el anuncio de aranceles de 25% y 10% a importaciones de acero y aluminio respectivamente pero rápidamente quedó claro que iba dirigido contra las ventas de China, ya que eximió a otros aliados de la medida. Posteriormente se anunciaron aranceles a importaciones por un monto de 60 mil millones de dólares procedentes de China. Ya China replicó con un primer paquete de aranceles a importaciones por 3 mil millones. Habrá más. El embajador chino en Washington lo dejó claro: “Déjenme asegurarle a esa gente que tiene intenciones de luchar una guerra comercial. Ciertamente que nosotros pelearemos. Tomaremos represalias. Si la gente quiere jugar rudo, nosotros jugaremos rudo con ellos y veremos quien resiste más”.
Es cierto que Estados Unidos comercia en desventaja con China vendiéndole unos US$130 mil millones en 2017 pero con un déficit comercial del orden de los 375 mil millones. En 2000 el déficit fue de solo 12 mil millones y en 17 años se multiplicó por más de 30. Trump se queja de que es un comercio “no justo” pero parece que sí es justo cuando otros países tienen enormes déficits en su intercambio con Estados Unidos. El caso de RD especialmente desde la vigencia el DR– Cafta.
Obsérvese el trasfondo político detrás de los primeros misiles que se han disparado. Los aranceles al acero y el aluminio van en la dirección de la protección de las industrias estadounidenses instaladas principalmente en los Estados de la región centro – norte del país, precisamente una zona que fue clave en el sorprendente apoyo electoral que recibió el entonces candidato y hoy Presidente. En consecuencia, esa acción es de esperar que refuerce esas simpatías. Contrariamente, las industrias automotrices que también se encuentran en esa zona se resentirán de importaciones de insumos más caras y se verán eventualmente afectadas en sus exportaciones a China por un monto de 10 mil millones. En el lado opuesto las primeras acciones arancelarias chinas van dirigidas hacia bienes que se producen mayoritariamente en California, uno de los Estados más enfrentados a Trump, aplicando aranceles a las importaciones de vino y nueces procedentes del mismo, lo que reforzará el descontento hacia el Presidente.
China se va a dirigir, no lo duden, contra el sector agrícola estadounidense, al cual Trump prometió proteger. EE.UU. exporta 19.6 mil millones de dólares a China de productos agrícolas, especialmente frijol de soya, principal destino, por un monto de US$13.9 millones. Ni siquiera tendría que recurrir a aranceles. Bastaría con desviar sus compras a Brasil y Argentina, buenos socios comerciales. Ciertamente, las guerras comerciales no son fáciles de ganar.