“Habemus Metro” y las serendipias

Desde ayer comienza a cumplirse un sueño del Presidente Fernández de convertir a Santo Domingo en “un Nueva York chiquito”: con la inauguración del Metro, miles de capitaleños pasarán de ser víctimas de los “zarapastrosos” carritos públicos o voladoras, para transportarse igualito que los dominicanos que bajan desde Washington Heights a sus trabajos en el bajo Manhattan.

La primera página del New York Times del 3 de septiembre 2007 trajo una crónica del Metro de Santo Domingo, indicando que los indicadores socio-económicos de República Dominicana están debajo de los de Sri Lanka (antiguamente Ceilán), isla al sureste de India con 20 millones de habitantes, independizada del Reino Unido en 1948.

Los antiguos persas llamaban Serendip a Ceilán y una fábula de aquellos antiguos iraquíes, “Los Tres Príncipes de Serendip”, cuyos héroes poseían la facultad de encontrar cosas valiosas o amenas sin estar buscándolas, da origen a una intraducible palabra, “serendipity”. “Serendipity” es considerada por una casa editora británica como una de las voces inglesas de más difícil traducción. Pese a que en castellano se comienza a aceptar “serendipia”, ha estado ausente del Diccionario. Los franceses, tan orgullosos de su lengua y renuentes a incorporar anglicismos, utilizan tímidamente “serendipicité” o “serendipité”, pero prefieren el término compuesto “hereux hasard”, que es más o menos “casualidad afortunada” o, en criollo, hallazgo “cheposo” o “chepa feliz”. 

En Colombia la “chepa” es la suerte favorable, pero aquí es algo más que eso y quizás la palabra que más se parece a la “serendipitud”, pero no son sinónimas. Decía Louis Pasteur que si bien los chepazos pueden favorecer a cualquiera, “en el campo de la observación, la suerte favorece sólo a las mentes preparadas”. Para sacarse el premio hay que comprar billetes. Otra definición casi igual a la de Webster’s es “el efecto por el cual uno descubre algo afortunado, especialmente cuando se buscaba algo completamente distinto”. La farmacología y la química son dos áreas en que abundan casos de serendipia. En África, hace miles de años del café, observar el cambio de comportamiento de chivos cuando comían los rojos frutos del cafeto llevó a descubrir el café como brebaje.

Esta larga repetición sólo sirve para preguntar, ¿cuáles serendipias políticas, sociales y económicas traerá el Metro? Me alegra que la inauguración nos recuerde cuánta voluntad política puede existir para aquello que sí se quiere…