Hágase caso a las percepciones

La sociedad dominicana vive condicionada por la desconfianza. Por mucho tiempo los liderazgos y gobernantes de esta democracia de formalidades y apariencias han dejado fuera de agenda y preocupación la poca fiabilidad de la gente en los servidores públicos a las que acude más frecuentemente, incluyendo agentes policiales y entes judiciales, sin pretender echar a todo el tren administrativo en el mismo saco en injusta generalización. A no pocos burócratas se les presume capaces de aprovecharse de los ciudadanos para su beneficio. Un estudio recién salido del horno dice que el 87% de los dominicanos cree, llanamente, que una “cuña” vale más que la ley. Está visto que hombres y mujeres de a pie no ven en organismos estatales mucho compromiso con sus causas; ni perciben comportamientos institucionales orientados a medir a todo el mundo con la misma vara y al margen de las dádivas.
La visión negativa sobre gestiones públicas y conductas de políticos ha sido alimentada por acciones mezquinas y de búsqueda (¡dámelo lo mío!) en prácticas de macuteo por servidores sin profesionalidad ni ética, a veces favorecidos por clientelismo vicioso. Se origina también en la ausencia de directrices oficiales para dar a la ley y normas una obligatoriedad al margen de otras consideraciones; se duda también de lo público por la exhibición sin transparencias de riquezas en prominencias políticas.

Por quién doblan las campanas

Cuando el crimen alcanza proporción aterradora como el asesinato de una madre y sus tres hijos en el barrio Enriquillo de esta capital, el ser humano siente más que de ordinario que la destrucción de la vida, cual que sea, nos disminuye a todos como partes de un mismo tejido social. Ya lo dijo el poeta: no somos islas. las campanas no doblan exclusivamente por los difuntos del momento.
Se siente dolor y miedo aun sin haber conocido ni tenido cerca a las víctimas porque detrás de muchas acciones violentas contra la sociedad tienen presencia intangible esquemas culturales y factores sociales que en ocasiones se reflejan en actos contra el prójimo que pueden aparecer a la vuelta de cualquier esquina. Homicidios y robos. Los protagonistas pasan pero el molde favorable a la agresividad permanece.