Haití también lucha contra la corrupción

Es saludable, muy saludable, que en Haití haya un segmento de la sociedad civil que esté interesado en luchar contra la corrupción. Es, digamos, el tema de nuestros tiempos. En América Latina, por lo menos, hemos visto en los últimos años una positiva oleada de manifestaciones públicas y de investigaciones contra las seculares prácticas corruptas, sobre el uso indebido de los fondos públicos, sobre los detentadores del poder que buscan situarse en posiciones que les permitan enriquecerse a manos llenas.
Esta oleada empezó en los últimos años de la década de los ochenta, y posiblemente inició por acá, por la República Dominicana. Unas voces acá y otras voces allá iniciaron las denuncias. Fue un comienzo tímido, porque la corrupción latinoamericana siempre ha estado vinculada a las élites, a los grupos políticos de mayor influencia y a los más altos estamentos del mundo de los negocios. Hay connivencia entre unos y otros y, por lo tanto, hay protección mutua. Pocos años después esta lucha se diluyó o cayó en un marasmo que la hacía casi imperceptible. Pero siempre están los que no se rinden, siempre sobreviven, aun sea como los ríos subterráneos, unos idealistas, unos invencibles, unos esperanzados en la posibilidad de un mundo sin corrupción o con una corrupción mínima.
En los años más recientes, en los inicios del siglo XXI, la repulsa por la corrupción explotó. América Latina empezó a darse cuenta que había un vínculo muy estrecho entre su malestar, sus precariedades, pobreza e indigencia y los fondos que se perdían entre las manos de los mandatarios. Y vio que no solo los viejos caudillos llegaban al poder para depredar el dinero público, sino que los jóvenes políticos, inteligentes, educados y digitales se salían con las suyas también. Era todo un sistema. En el entretanto, Estados Unidos desnudó los métodos de Odebrecht, y aquí fue el parteaguas. Esta poderosa empresa siguió el camino que no pocas multinacionales habían emprendido en la región y en otras partes del mundo: negocios por sobornos. Marcelo Odebrecht lo afirmó con el cinismo propio de quienes dicen “papá lo hace”: yo no inventé la corrupción en América Latina, yo la encontré”.
Hoy en día la lucha contra la corrupción latinoamericana parece indetenible. Todos queremos vivir apegados a la decencia y al mejor uso posible de los recursos públicos. La sociedad civil latinoamericana ha sido fundamental en esta lucha. Haití, incluso, se está sumando a esta batalla y lo está haciendo desde organizaciones de la sociedad civil. ¡Enhorabuena!