Hasta la posteridad, compadre Vital García Abarca

10_03_2018 HOY_SABADO_100318_ Opinión9 A

El jueves 22 del pasado mes de febrero, partió hacia lo ignoto nuestro querido compadre, arquitecto Vital García Abarca, después de una breve pero invasiva enfermedad, se lo llevó la parca; no obstante los ingentes esfuerzos desplegados por los galenos y su esposa Mercedes.
Conocí a mi compadre Vital desde los años juveniles. Él vivía en la calle Crucero Ahrens, pero asistía a la peña de sus compañeros que se reunían en un solar yermo situado entre las calles Santiago, Danae y Doctor Delgado. En ese improvisado play, se escenificaban apasionados y prolongados desafíos de béisbol. En el medio del terreno había una mata de cajuil y todos los bateadores nos concentrábamos en llevar la bola hacia ella, ya que en lo que caía la misma, el corredor llegaba hasta la segunda base.
Como estudiante de arquitectura fue brillante y al graduarse, después de casarse, marchó hacia España para realizar una especialidad en su profesión en la Universidad Complutense de Madrid. En esa época, nosotros también hacíamos una especialidad en derecho internacional en la Universidad de París y cada vez que había un período de receso en las clases, me dirigía a Madrid en un viejo Volkswagen adquirido por la modesta suma de doscientos cincuenta dólares, pero con un motor reconstruido y una sólida carrocería de acero alemán.
En aquellos tiempos, también estudiaban otros dominicanos en la Residencia Nuestra Señora de Guadalupe de la Universidad Complutense de Madrid, donde mis primos Apolinar (Kin) y Miguel Rafael (Tite) Pérez Rojas y otro mutuo amigo, Enrique Sanz, eran residentes. Mi llegada era motivo de regocijo, ya que en el baúl del carro cargaba tambora y güiro y solíamos rememorar viejos merengues ayudados por el piano de la residencia. A veces, íbamos de serenata para alguna compatriota que estudiaba en la ciudad.
En Madrid, el compadre Vital vivía muy cerca del compatriota doctor Luis Alexis Fermín, quien ostentaba el grado de Agregado Militar en la Embajada. Ambas residencias quedaban a muy poca distancia del Estadio Santiago Bernabéu o Chamartín y de vez en cuando, con una porra de vino que adquiríamos en un establecimiento atendido por Antonio, disfrutábamos algunos de los partidos en los cuales jugaba como local el Real Madrid.
Uno de los eventos que peligrosamente nos deleitó fue la corrida de las vaquillas por entre la empalizada que conducía a la Plaza de Toros de Las Ventas en ocasión de su inauguración, en la cercanías de Madrid. A pesar de ser muy jóvenes y deportistas, tuvimos que saltar la barrera protectora, dada la velocidad que desarrollaba la manada de las reses, que raudas iban para el ruedo de la Plaza de Toros.
No obstante Vital ser un excelente y prometedor arquitecto, tuvo la mala fortuna de ser hijo único y con un padre excesivamente severo, que prefería que él lo ayudase en su empresa de tejidos La Palmesana, antes que dibujar planos y perfiles para lo cual, nos consta, era un privilegiado. Para muestra, nos diseñó la glorieta que todo el que pasa frente al parque de El Mamey, Los Hidalgos, en Puerto Plata, se detiene a contemplarla, ya que con sus soportes estructurales soterrados, calculados por otro compadre, el ingeniero Carlos Rodríguez Fernández, se maravillan como puede sostenerse esa pesada armazón sin apoyarse en columnas.
Los compañeros y amigos de Vital solíamos decir; de todos nosotros, el que mejor está físicamente es Vital, ya que a su avanzada edad, tenía varias motocicletas, una de las cuales era marca Harley Davidson. Esta poderosa moto le permitió, ingresar en el exclusivo Club HOG (Harley Davidson Owner’s Group) y también en el Legión XXXIII, los cuales, solidariamente, no solo acompañaron a sus familiares en la Funeraria, sino que encabezaron un gigantesco desfile delante de la carroza que conducía el féretro, hasta llegar con una estruendosa estampida al cementerio Puerta del Cielo. Sin exagerar, creo que había más de ochenta de estas costosas y exclusivas motocicletas.
Concluiré estas cortas líneas, invocando estrofas de merengues del folclor de nuestro país, piezas musicales que bailábamos en el Club El Golfito, mas que quedan como anillo al dedo para esta triste ocasión y que ahora nos sirven de epitafio: “Váyase en paz, mi Compadre” para complementarlo con: “Unos van delante y otros van detrás”. ¡Que en paz descanse Compadre! lo echaremos de menos por su siempre fraterna espontaneidad.