Hasta luego, profesor Kafka

LUIS MANUEL PIANTINI
El profesor Alexandre Kafka fue uno de los principales economistas monetaristas de la segunda mitad del siglo XX. Acompañó a James Buchanan y Warren Nutter junto a George Stigler, Gordon Tullock y Leland Yeager en la fundación del famoso Thomas Jefferson Center for Studies in Political Economy de la Universidad de Virginia en el 1957 donde fue su profesor por largos años.

  Fue un influyente académico del Instituto Superior de Administración Económica de la Fundación Getulio Vargas en Brasil. Fue también profesor en la George Washington University.

Escribió ensayos sobre teoría monetaria  en prestigiosas publicaciones académicas, tales como: American Economic Review, revista de la Asociación Americana de Economistas; Essays in Internacional Finance, publicación de la Princeton University; Journal of Business, de la Universidad de Chicago; Journal of Political Economy; Journal of Finance, de la Asociación Americana de Finanzas; The Cato, publicación del famoso Instituto Cato en Washington. Participó en estas publicaciones junto a trabajos de los economistas, Paúl Volcker, Joseph Stiglitz, Milton Friedman, Robert Salomón, Alexander Robichek, Dornbush entre otros.

De este magnífico funcionario público, sabio y conocedor académico y financiero, como lo describe recientemente el articulista brasileño Gustavo Franco, se conoce en Brasil lo que se denomina como la “Ley de Kafka” o “Ley de los Comportamientos Discrepantes”, al referirse a los comportamientos entre los ministerios de hacienda y los bancos centrales.

Entró en el 1949 a formar parte del personal técnico del Fondo Monetario Internacional, institución de la que fue Director Ejecutivo por 32 años y decano en 21 de ellos, ocupando la silla del Brasil, constituyente de la que formamos parte junto a otros 8 países (Brasil, Colombia, Ecuador, Trinidad y Tobago, Panamá, Guyana, Surinam, Haití y la Republica Dominicana).  Fue respetado, admirado y temido por los funcionarios y técnicos de dicho organismo, siendo un agudo polemista de escasas palabras y pausado hablar.

Defensor de los mejores intereses de los países en desarrollo, fue el portavoz de sus posiciones por largos años y a su habilidad negociadora, favorecida por el dominio a la perfección que tenia de siete idiomas, se le deben muchas de las reformas que permitieron ampliar el acceso de los países en desarrollo a los fondos de dicho organismo.

Enfermó de  polio siendo ya adulto, y aún cuando tenía dificultad en caminar, era de una voluntad tan férrea, que subía a pie diariamente los trece pisos del edificio del Organismo Internacional hasta muy entrado los setenta años.

Lo conocí en el 1983, cuando vino al país a participar junto al equipo del Banco Central en las discusiones con el personal técnico del FMI en una de las revisiones del Acuerdo de Facilidad Ampliada durante su primer año de ejecución. En ese entonces  era ayudante del Gobernador del Banco Central, Bernardo Vega junto a su actual Gobernador, Héctor Valdez Albizu.

Mi próximo encuentro fue cuando siendo Director de la Oficina Nacional de Planificación, ONAPLAN (en un préstamo del Banco Central al Gobierno en junio del 1984) acompañé al  Gobernador Hugo Guiliani, al Secretario Técnico de la Presidencia Orlando Haza, y al Asesor Económico del Poder Ejecutivo Milton Messina,  en una misión al FMI en el mes de diciembre de dicho año, para discutir un Acuerdo de Crédito o Stand by de 12 meses.

En aquel entonces, el personal técnico del organismo se resistía a formalizar el acuerdo pues desconfiaba de la voluntad política del gobierno para ejecutarlo, ya que el firmado en el 1983 había sido suspendido por incumplimiento. Al ver el tranque y ya a escasos tres días de la Navidad, el Gobernador Guiliani buscó el apoyo del Profesor  Kafka para influir en el Director Gerente del FMI Jacques DeLarosiere, logrando que al siguiente día se concluyeran las negociaciones y la delegación oficial saliera de Washington con el borrador de Acuerdo, el cual me fue robado con todo y maletín en el aeropuerto de Miami.

En noviembre del año 1986 me integré a las labores  de nuestra  constituyente en el FMI como asistente técnico del Profesor Kafka, llegando a alcanzar las posiciones de su Asesor y Director Ejecutivo Alterno hasta el año 1993.

Mi primera experiencia bajo su disciplinada y exigente dirección, fue cuando acabado de arribar me pidió que hiciera la posición de la silla sobre el desenvolvimiento de la economía francesa en el 1985 y 1986. Preparé un documento de 9 páginas y cuando se lo llevé para discutirlo, lo leyó en silencio y lo fue tachando, desde la primera hasta la novena página.

Mi primer pensamiento fue coger mi maleta y regresar a Santo Domingo, y cuando me encontraba ensimismado en ese pensamiento, surgió su parca voz diciéndome” Sr. Piantini, usted no esta aquí para hacer ensayos de investigación económica, sino para hacer política económica que eso es lo que se hace en el Directorio, así que concéntrese en dos o tres aspectos críticos de esa economía, discútalos con el staff, y no escriba mas de una página y media, y naturalmente, como aquí somos diplomáticos económicos, haga elogios en los primeros párrafos”. Ahí fue que verdaderamente me aterroricé pues, con la característica del español de ser prolijo en las redacciones, no concebía que con documentos que sumaban 500 páginas con decenas de temas importantes, se pudiera concentrar su crítica en solo página y media. Pero aprendí.

En una ocasión en Septiembre del 1989, me llamó por teléfono a mi oficina y me solicitó que fuera de inmediato donde la secretaria del Sr. Camdessus y recogiera un fax que había llegado de Santo Domingo sin olvidar ningún papel. Cuando se lo llevé, me dijo que lo escondiera bien en una gaveta sin que ni yo me enterara, y que las autoridades monetarias habían cometido una gran imprudencia pues le solicitaban al FMI una renegociación de la deuda con ese organismo, lo que significaba enviar al país al ostracismo financiero. Naturalmente, al final no se pidió la renegociación,  pero comenzamos a dejar de honrar las acreencias con dicho organismo, ambas acciones recomendadas por un  asesor experto en recompra de deuda pública, que ahora es también experto en auditorias y crisis bancarias.

Esta era la primera vez que sucedía con un país latinoamericano, cayendo nuestro país en el grupo de países africanos.

Cuando un país entraba en atrasos, lo llevaban al Directorio cada tres meses, afectando su estatus de país miembro, quitándole cada vez más derechos. Inclusive, después de limpiar los atrasos, si quería recursos de nuevo a través de un acuerdo financiero, tenia que demostrar su vocación de compromiso con la puesta en vigencia de programas económicos sin recursos, ejecutando reformas estructurales por dos y tres años.

Nuestro país se mantuvo en atrasos por más de un año, llevándose su caso  al Directorio cada tres meses, pero la astucia de Kafka evitaba que nos penalizaran, y así pudimos tener un acuerdo financiero acabando de pagar los atrasos con elevadas comisiones penalizantes, durante la gobernación de Luís Toral.

 Este fue el Acuerdo en el 1991, que logró estabilizar la economía, restablecer nuestro crédito externo, y retomar el sendero del crecimiento económico en los siguientes diez años.