Hatillo Palma: icono de reflexión

Hatillo Palma: icono de reflexión

ADOLFO MORETA FÉLIZ
La instigada violencia tribal despedaza la convivencia de los pueblos africanos. Selectivos hechos de sangre que causan indignación en el seno de una etnia la hacen reaccionar en forma violenta contra otra que supuestamente los cometió. El enfrentamiento le agrega al hambre males peores: odio, venganza y resentimiento. La recíproca represalia se convierte en un movimiento cíclico de recurrente genocidio. 

Con los efectos, sobreviene la desmovilización de las familias huyéndole al terror y a la incertidumbre. ¿Ese modelo de conflicto sigue la trayectoria de los huracanes? ¿Se sienten sus devastadoras ráfagas de vientos en la Hispaniola? Dice un sabio proverbio que «es mejor prevenir que tener que lamentar». Las autoridades tienen que identificar y controlar con responsabilidad los fuelles que soplan las ramas de la instigación en la frontera. Porque mañana será demasiado tarde.

El Comité Dominicano de los Derechos Humanos y la Red de Encuentro Domínico-Haitiano Jacques Viaux han expresado que «los sucesos de Hatillo Palma no constituyen un hecho aislado por la cadena de muertes de haitianos en diferentes lugares en una ola xenofóbica que amenaza extenderse por todo el país… situación que pone en riesgo la vida de miles de dominicanos en Haití». ¿En Haití? Esa subyacente advertencia agregada a la de Jean Bertrand Aristide sobre la gestación de un holocausto negro es para tenerla como icono de permanente reflexión. ¿Cuáles son los hilos de Aristide y la Red ven moverse que los dominicanos ignoran? ¿Cómo opera la Familia Lavalás y las otras organizaciones haitianas y domínico-haitianas en la República Dominicana? ¿Quiénes financian sus operaciones?

La presencia de haitianos es inmensa en toda la geografía dominicana. No obstante la humana solidaridad que se les brinda y el espacio laboral que han conquistado con su perseverante trabajo junto a la certera estrategia diseñada por la comunidad internacional, uno se pregunta, ¿también éste territorio será elegido como escenario de derramamiento de sangre? ¿Se tomará a la República Dominicana y a los dominicanos como chivos expiatorios en caso de llevarse a cabo el holocausto denunciado por Aristide?

El asesinato de Maritza Núñez el 9 de mayo, a las pocas horas dejó de ser el principal interés noticioso en el ámbito local. Y en el internacional ni siquiera llegó a serlo. En Hatillo Palma sólo hubo expresiones de indignación. Sin embargo, aún sin que existiese agresión ni víctima hacia ningún haitiano ni haber sido ninguno físicamente lesionado, «la persecución, el maltrato y los abusos contra los haitianos» en la República Dominicana eran divulgados en todo el planeta. Aparecieron los simulacros de repatriaciones. Fotos, videos, y declaraciones de los afectados mostrándole al mundo en imágenes y testimonio la realidad de los atropellos que se denunciaban. Y la actitud xenófoba y esclavista de los dominicanos.

Los gestos de filantropía y justicia de la Red tanto de un lado como del otro en una comunicación sin frontera, no se hicieron esperar. Por su solidario esfuerzo, los injustamente repatriados -que eran todos- regresaron de nuevo al lugar donde estaban. Entonces, el reclamo principal y la denuncia internacional pasó a ser el derecho legítimo o adquirido de los haitianos a vivir en Dominicana. Ese ritmo cíclico de «fortuitos» conflictos, se cumple rigurosamente cada año desde que fueron privatizadas las relaciones bilaterales entre Haití y República Dominicana y quedaron normados los simulacros de repatriaciones como recurso de «diálogo para consolidar asentamientos y conquistas logradas dentro de la agenda migratoria. Y avanzar en los programas de transformación de la frontera para el bienestar de ambos pueblos.

El 4 de junio como supuesta represalia se producen los asesinatos de dos haitianos en Hatillo Palma. De nuevo la República Dominicana es colocada en la cartelera internacional como un escenario donde se está masivamente degollando a los haitianos y llevándose a cabo una atropellante persecución de cacería para sus «repatriaciones».

A Maritza Nuñez se le asesinó en un intento de robo en un negocio de subsistencia. Esto desencadenó un «inesperado» conflicto. ¿El móvil fue el robo? Aún en esta fecha se buscan a quiénes lo cometieron. Una fuga de leyenda. ¿Eran vulgares asaltantes de caminos?

Ciertamente que los sucesos no parecen ser ni aislados ni fortuitos tal como dicen los activistas de los derechos humanos y la Red. Frente a un hecho de sangre, lo primero que hace todo investigador es tipificar el crimen, y determinar a quién beneficia. Refiriéndose a los asesinatos de los haitianos y a las capciosas insinuaciones pretendiendo involucrar a los militares dominicanos, el Secretario de las Fuerzas Armadas fue preciso y categórico: «los asesinatos fueron penosos, pero fueron cometidos por criminales, no por dominicanos, porque los dominicanos no proceden de esa forma».

Tengo varios amigos «linieros» de Villa Vásquez, Guayubín, Juan Gómez, Monte Cristy, que residen en la capital. Uno de ellos viaja semanal a la frontera. Dado el desarrollo de los acontecimientos en Hatillo Palma, lo llamé para sondear su percepción de cuál era el estado de ánimo de los habitantes de la zona. Me dijo más o menos lo siguiente: «Bueno, eso no está fácil. Tu conoces a mi viejo, y sabes lo apegado que es a la casa que tiene en su pedazo de tierra. Sin embargo, me pidió que empiece a buscarle una vivienda en la capital. Tiene pensado vender la parcela porque se está haciendo intolerable vivir en un estado de permanente sobresalto e incertidumbres». Inmediatamente pensé. En la frontera, a la propiedad que se le coloca un «Se Vende», la compra un extranjero. Y ese era un icono que no estaba en el escritorio ni proyectado en la pantalla de mis reflexiones.

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