Hay mucha tela por donde cortar…

El enriquecimiento ilícito acelerado, por parte de funcionarios públicos, se facilita cuando, como parte de su trabajo penden organizar y decidir compras por ¨nadiesabecuántos¨ millones de pesos al año.
Para muestra hay varios botones interesantes: el Ministerio de Educación invita, regula, decide, sobre la compra de millones y millones de pesos en millones de uniformes, para millones de estudiantes. También en la compra de millones de pesos para la compra de millones de libros, cuadernos, lápices, tiza, borradores.
Además, tiene la voz cantante en lo que se refiere al filón de oro que es el desayuno escolar, y la comida que se ofrece a los estudiantes de la tanda extendida, todo lo que implica la contratación, menú, supervisión de la calidad, la cantidad y la higiene de los alimentos.
Otro renglón interesante es el barril sin fondo de los comedores económicos. Sólo en el otorgamiento de las concesiones a los suplidores hay una veta capaz de llenar la insaciable codicia de la faltriquera de dignos discípulos de Alí Babá.
Millones y millones de libras de arroz, pollos, víveres de todo tipo, carnes, quesos, frutas, son adquiridos para los comedores económicos sin que se pueda cuantificar si lo comprado ha sido empleado en la cocción de los alimentos, que se donan en cantidades y calidades ni medidas ni pesadas ni examinadas.
La compra de centenares de vehículos de todo tipo, para toda suerte de servicios, las gomas, los repuestos, las reparaciones. El descargo, las ventas y donaciones de esos bienes, forman parte de la diarrea incontenida y solapada de los gastos y malgastos y formas de prevaricación contra el erario.
Durante años, capitalistas han financiado la compra de todo lo necesario para la operación de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional: uniformes, calzados, armas, municionamiento, comida, medicinas, y pese a los “concursos” que se realizan, es fama que, como en las otras operaciones económicas del gobierno, hay coimas que han enriquecido hasta los millones a quienes autorizan las compras y los pagos.
Lo propio ocurre con la compra de medicinas, medicamentos, insumos médicos y toda suerte de suministros y necesidades de los hospitales públicos, otro de los barriles sin fondo en donde ocurren prácticas ilegales tan conocidas como que los objetos adquiridos no llegan al Ministerio o no los envían como se debe a los hospitales, clínicas y dispensarios o son dedicados al aumento de los inventarios de farmacias, con esos insumos comprados con fondos públicos.
Los insumos agropecuarios que se deben suministrar a los agricultores y ganaderos y a parceleros de Reforma Agraria se quedan en los papeles. Y no hablemos del suministro de equipos y material gastable para oficinas. Hay mucha tela por donde cortar, pero los sastres se llevan los lienzos para su provecho.
¡Ladronazos!