Salud Preventiva: Hígado graso: el enemigo silente

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Doctor Lenisse Candelario
Médico familiar, Gerencia de Medicina Familiar del Hospital General de la Plaza de la Salud.
La obesidad se ha constituido en una epidemia mundial y con ella ha llegado una ola gigantesca de complicaciones agudas y crónicas que la suceden.
Desde 1975, la obesidad se ha casi triplicado en todo el mundo. En 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran obesos, lo que representa el 39 % de las personas adultas de 18 o más años para sobrepeso, y el 13 % para obesidad.
La mayoría de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad cobran más vidas que la insuficiencia ponderal.
La obesidad ha entrado a los hogares, afectando incluso a los niños, ya en 2016 se reportaron 41 millones de niños menores de cinco años que tenían sobrepeso o eran obesos, y la situación se propaga y se mantiene, ya que los niños obesos no resultarán en adultos flacos, sino que que esta condición se mantiene. En 2016 había más de 340 millones de niños y adolescentes (de 5 a 19 años) con sobrepeso u obesidad.
El índice de obesidad se ha triplicado desde el 1975. La obesidad infantil, abarca un alto porcentaje de la cifra total de obesos, trayendo consigo, hipertensión en adolescentes, diabetes infantil y trastornos del colesterol.
El punto a evaluar no es solo la propia obesidad, sino los demás componentes de la obra en macro y que traducen disminución de la calidad de vida, empobrecimiento y muerte.
Uno de los elementos que ha tomado protagonismo en el panorama mundial es el hígado graso, una condición que por mucho tiempo fue tomada a la ligera y de la que se suponía no necesitaba mayores intervenciones, sin embargo, los avances en tecnología, conocimiento e investigación, le confieren a las ciencias médicas una interacción dinámica, y con ella vamos creciendo y cambiando. Bien cuentan por ahí que el estudio de la medicina, nunca termina y que lo que se toma por cierto hoy, mañana puede ser mentira.
El hígado graso comprende dos escenarios principales: la enfermedad hepática grasa alcohólica y la no alcohólica. En esta ocasión abordaremos la enfermedad hepática grasa no alcohólica, una condición presente en aproximadamente 58 % de los individuos con sobrepeso y en el 90 % de los pacientes con obesidad mórbida.
Al momento de valorar un paciente desde el punto de vista metabólico, tomamos como referencia su peso, su talla y la relación entre estos dos elementos, resulta en el índice de masa corporal. También son importantes, el perímetro abdominal cuya referencia de normalidad es de 88cm en la mujer y 102cm en el hombre. Estos parámetros son importantes, porque con ellos podemos definir en qué rango se encuentra el paciente en el espectro de bajo, normo, sobre peso u obesidad, además de calcular el riesgo cardiovascular atendiendo al aumento de la cintura.
Estos elementos, tienen una relación estrecha, con la posibilidad de que el paciente presente graso en el hígado, por tanto, una persona que fenotípicamente (en
apariencia) sugiera cursar con un síndrome metabólico, es una candidata a investigar en relación al hígado graso.

 

LAS CLAVES
1. La primera línea de tratamiento farmacológico
Comprende el uso de vitamina E a razón de 800UI/ día; sin embargo, cabe señalar que no se ha comprobado regresión del daño hepático con su uso y que hay un capítulo abierto en relación con la seguridad cardiovascular y su relación probable con el cáncer de próstata. No se incluyeron pacientes diabéticos en los estudios.
2. La primera línea de abordaje
Este paciente es responsable de los cambios en el estilo de vida, los cuales debe asumir con igual rigurosidad que una cápsula, disminuyendo el consumo de grasa, azúcares, sal y carbohidratos (harinas), sumado a la actividad física, una estrategia probada, sin riesgos ni efectos secundarios de bajo costo y que además apoya otros tratamientos y previene enfermedades y complicaciones.
3. La relación estrecha del hígado graso con la diabetes
Se debe básicamente a la resistencia a la insulina que tiene el paciente y que continua avanzando ante nuestros ojos con esa glicemia en ayunas en 103, 110,115, que en el tiempo y ante la inercia, termina adquiriendo nombres y apellidos: Diabetes Mellitus tipo 2, así que el hígado graso es la manifestación física del síndrome metabólico y nos advierte bajo su señal el deterioro interno del paciente.
La insulina es producida por el páncreas y actúa como una llave que abre las puertas de la pared celular permitiendo el paso de la glucosa hasta el interior de la misma, sin embargo, la calidad de esa insulina puede disminuir a tal punto que no logre cumplir su cometido, acumulándose en el torrente sanguíneo, alterando el medioambiente celular y evolucionando desde alteración de la insulina o pre-diabetes hasta diabetes mellitus tipo
4. Mantener una dieta equilibrada y ejercicio
Debe incluir actividad física en la rutina diaria. Estas medidas repercuten positivamente en la salud de cada individuo.