Histórico e imborrable capítulo cívico-militar de 1965

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Cincuenta y tres años han transcurrido desde que el suelo patrio fue sacudido por el retumbar de los fusiles y los cañones que en una cacofonía de sonidos y de muerte llevaron y llenaron de inquietud a una población que no se acordaba de esos avatares bélicos como era la costumbre nacional y cesados en sus ocurrencias desde 1930.
Tan solo dos generaciones desconocen aquella agonía del pueblo sometido a violentos enfrentamientos no solo entre dominicanos, sino con las fuerzas de intervención norteamericana. Estas desembarcaron el 28 de abril de 1965 y avanzaron hacia el casco occidental de la capital para su ocupación al oeste del río Ozama. Se estableció un confinamiento de las tropas constitucionalistas en la esquina sureste de la capital y se formó un corredor de seguridad que separaba a los buenos de los malos, según el criterio de los rabiosos liberales que escribieron la historia según su ideología personal.
El avance norteamericano desde el río Ozama hasta la embajada norteamericana en la calle Cesar Nicolás Penson fue sin compasión a sangre y fuego. Eran reos de muerte los varones que estuvieran de pie o que se atrevieran asomarse a la puerta de la casa. No existió una distinción en esos momentos de gran confusión. Y varios de los dirigentes militares constitucionalistas se habían asilado en las embajadas en torno a la avenida Pasteur. Las tropas norteamericanas iban acompañadas de militares y policías dominicanos a los cuales se le había colocado un cintillo blanco de masking tape de una pulgada de ancho en el brazo para distinguirlo en su labor de colaboración.
Las tropas norteamericanas en el establecimiento de su corredor de seguridad avanzaron por la calle San Juan Bosco y al llegar a la esquina Rosa Duarte se dieron cuenta que en la casa de avenida Méjico con Rosa Duarte había gente armada. En esa esquina estaba mi residencia y la de mi padre que había sido secretario de la Presidencia del Triunvirato. Mis padres se encontraban asilados en le embajada de Ecuador.
Los soldados norteamericanos, ubicaron la presencia de civiles armados que formaban parte de un pelotón de policías que se encontraban desde el día 25 en labores de protección. Yo les había entregado ropa de civil para que guardaran sus uniformes para razones de seguridad. Los soldados norteamericanos iniciaron un nutrido fuego de fusilería destruyendo las ventanas francesas del segundo piso y pellizcaron las gruesas paredes de hormigón armado de la casa.
En un momento del cese al fuego, cuando estaban preparando la instalación de un cañón sin retroceso de 105 milímetros para atacar a la casa, mi esposa Gladys que estaba embarazada de nuestra hija Ruth, salió con un pañuelo blanco para parlamentar. De inmediato bajaron desde la esquina San Juan Bosco cuatro militares extranjeros con un intérprete dominicano para ver la situación y saber quienes eran esos civiles armados. Se les informó que eran ocho policías y después de ponerse sus uniformes fueron llevados al Palacio de la Policía Nacional ubicada a tres cuadras de nuestra casa.
Ese primero de mayo los norteamericanos, en su estrategia de aislar a las fuerzas constitucionalistas, bajaron la Rosa Duarte para instalarse en el patio de nuestra casa y establecieron su campamento con sus pequeñas casas de campañas y tomaron un área de mi casa en construcción para su centro de operaciones. Ellos estuvieron por una dos semanas acampados y luego fueron reemplazados por tropas brasileñas que se establecieron en el patio exterior del Colegio Evangélico Central que estaba al frente de mi casa. Esa era la frontera de la zona de seguridad establecida a lo largo de la Rosa Duarte y la avenida Pasteur hasta el malecón.
El oficial que estuvo al mando de las tropas acantonadas en el patio de mi casa era un joven graduado de West Point de apellido Roy, con el cual establecí una buena relación ya que por su cultura se podía conversar por largas horas en las noches de toque de queda. Ese pelotón fue luego retirado y enviado a custodiar a la embajada norteamericana en la calle César Nicolás Penson. Mas luego su compañía fue enviada a Vietnam por el escalamiento de ese conflicto asiático, ya que ellos pertenecían a la famosa división de la 82 Aerotransportada. Fue en el momento que en el país estaban presentes unos 42 mil infantes de marina bien apertrechados mientras en Vietnam solo habían unos 10 mil infantes.


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