Hombres aprenden de violencia en las calles; citan antecedentes coloniales

Yelissa rosario

La violencia que experimenta la sociedad dominicana, protagonizada en su mayoría por los hombres, es el resultado de una cultura patriarcal machista, según indican las antropólogas Fátima Portorreal y Tahira Vargas, expertas en temas de género.
En los últimos meses han ocurrido horrendos crímenes contra mujeres, cuyos protagonistas son hombres cada vez más jóvenes.
En ese contexto Portorreal plantea que los orígenes de esos hechos de violencia hay que buscarlos en la época colonial.
Explica que esa violencia colectiva fue generada en un contexto colonial y de múltiples exclusiones: etnoraciales y de clase, que dice son sumamente violentas con la persona, que marcó a su vez toda la estructura de la masculinidad dominicana.
Portorreal explica que en los tiempos de la colonia, cuando imperaba el código castellano, el castigo contra las mujeres que se “portaban mal” estaba establecido.
Asimismo expresa que además de las bases culturales, existían las jurídicas para agredir a la mujer.
“Entonces si en la ley en el mundo colonial las mujeres, no solo por un sistema patriarcal, eran desechadas; y el contexto de la dominicanidad, un contexto de negros y mulatos, tú podrás entender la raíz violenta que se tiene”.
Esa violencia que tiene como víctima principal a la mujer es por esos elementos que por más de 500 años permearon la psiquis y la mentalidad, dice.
A esto se suma el patricardo, donde el hombre no quiere ceder el poder.
“Todo está estructurado para un colectivo violento y los más frágiles dentro de ese colectivo violento son los niños y las niñas y las mujeres, también los ancianos”.
Dice que todavía persiste la ideología colonial y tradicionalmente religiosa, donde a la mujer se le enseña que tiene que ser madre, poseída y bonita, no a defenderse; de ahí que se generen esos traumas tan dolorosos, que son los feminicidios.
Sin embargo, la también antropóloga Tahira Vargas, negó que sea la sociedad la violenta: para ella lo que hay es una violencia masculina fruto de la cultural patriarcal y machista, donde ser varón supone estar fuera del hogar, tener fuerza.
Dice que al hombre se le pide ser violento desde pequeño, a ser fuerte, destructor, “no es su esencia genética, sino lo que se ha enseñado”.
Coinciden en que no es la familia la responsable de las acciones que cometen los jóvenes porque no es en la familia que se forman, sino en las calles.
Vargas dice que también se ha querido vender la idea que la violencia es producto de la pobreza.
“La violencia no se fabrica en la pobreza, sino en los patrones de socialización”, sostiene.

En tanto Portorreal cree que culpar a la familia es un falso argumento religioso.
A su juicio se dice esto porque no se quiere afrontar la responsabilidad de producir los cambios en las políticas públicas.
“Es más fácil, decir que es la familia, y sobre todo las mujeres, las culpables”.

Portorreal señala, en tanto, que en el origen de la violencia colectiva influyen factores como la injusticia social, la inequidad, la impunidad contra las élites corruptas; y los bajos salarios que acorralan al individuo, quien estalla de manera violenta con quien tiene más cerca.

¿Qué hacer? Portorreal habla de varios patrones de socialización y patrones de políticas públicas distintas, además de una concienciación de las mujeres, esto a nivel individual.
“Cuando yo me apodero de mi cuerpo y me defino con mi capacidad de ser cocreadora, con capacidad de trabajo y de defenderme, tengo la capacidad de rechazar una relación o afrontar una situación”.
A nivel colectivo, llama a los medios a jugar su papel y dice que estos han contribuido mucho a esa imagen que se tiene de mujer, que tienen que llegar por sus atributos físicos, no precisamente por el intelecto.
Urgencia. Para Tahira Vargas es urgente que como sociedad se prevenga la violencia masculina y eso supone trabajar la cultura masculina, trabajar con los adolescentes y los niños.
“Los hemos dejado a la calle, sin ninguna protección y se están volviendo contra nosotras”, lamenta Vargas.
Agrega que hay que trabajar a nivel cultural y educativo, desmontando símbolos de violencia que refuerzan esa violencia masculina.


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