Hombres reconocen actos violencia al ser intervenidos

yelissa rosario

He aprendido a escuchar y a ponerme en el lugar del otro”. Esta es la gran enseñanza que ha recibido un hombre, que acusado por violencia de género, fue remitido al Centro de Intervención Conductual para Hombres (CICH), dependencia de la Fiscalía del Distrito Nacional.
El señor de 35 años, quien prefiere no identificarse, se decía no ser un hombre violento, pero en el centro descubrió que hacía cosas dañaban a su compañera.
El CICH persiste trabajando la conducta del hombre agresor y contribuir en su lucha para erradicar la violencia contra la mujer.
Ahora analizo las cosas. “Yo no peleaba, pero cuando ella empezaba a hablar me iba y no la escucha, aquí entendí que eso era un tipo de maltrato porque no la dejaba expresarse”, contó el hombre, y agrega que ahora escucha a las personas, para saber que les aqueja y buscarle solución, “analizo las cosas antes de emitir una opinión”.
Al cumplir seis meses asistiendo a las charlas y las terapias individuales, asegura ser una persona diferente, y así dice se lo han hecho saber sus conocidos.
Robert Pérez, un joven de 31 años, ayer concluyó su ciclo en el Centro de Intervención, medida que le fue impuesta como parte de un acuerdo, tras ser acusado de violencia por su pareja. Cuenta, que aunque en principio le pareció algo fastidioso, hoy agradece ser enviado a ese lugar.
“Yo era violento. Y no lo sabía”, dijo Pérez mientras relataba que un día, tomó un bate para agredir a su entonces pareja, aunque no llegó a consumar el hecho, reconoce que el simple intento ya fue una agresión contra esta.
“Habían actuaciones mías que yo no entendía que eran violencia, por ejemplo, eso de que porque yo aportaba los recursos, me sentía que era el jefe de la casa, y desconocía las cosas que mi pareja hacía”, dice el joven.
“Hay aportes que las mujeres hacen en la casa que como hombre uno no las ve, y ellas un día también explotan”, razona Pérez.
Explica que allí pudo entender y reconocer algunas acciones que hacen de manera cotidiana, que sin darse cuenta van sumando hasta llegar a la violencia física.
Hoy por hoy, dice que todos han notado su cambio.
“Al principio pensé que era una tontería, pero después descubrí que muchos hombres necesitamos estos y no deberíamos esperar a que pase algo para recibir ayuda”, agrega el hombre de 31.
Detalla que aquí también aprendió a comunicar, manejar la ira y el enojo.

“El temor mío cuando me dijeron que venía para acá era que me dejaran preso o me fueran a hablar feo, pero hasta ahora todo el trato ha sido muy profesional”, dijo Eugenio Martínez, de 56 años quien acude al centro por conducta de violencia contra su expareja. Cuenta que ahí ha podido reconocer que nada justifica que agreda a una mujer, no importa lo que haga.


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