Homenaje Uasdiano

El 20 de agosto de 2013 recibí una muy atenta comunicación firmada por el Dr. Alexis Joaquín Castillo, director del Instituto de Criminología de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de Universidad Autónoma de Santo Domingo, carta también rubricada por el encargado de la Sección Criminalística del Instituto, señor Carlos Mesa, MA.

En la misiva se anunciaba la celebración del 1er. Congreso Nacional de Criminalística y Ciencias Forenses a realizarse los días 24, 25 y 26 de octubre del 2013 y solicitaban mi participación como expositor. Dicho evento coincidiría con el aniversario de la fundación de la primera Universidad del Nuevo Mundo y sería en honor a quien escribe.

Sorpresa y hasta preocupación me causó esa inesperada distinción, fenómeno natural en toda persona entrada en los sesenta de su existencia. Lo realmente emocionante y no apto para cardíacos fue la ceremonia inaugural del evento.

Justamente se cumplían cuarenta y seis años que en ese preciso lugar y casi a esa hora, este humilde servidor había recibido el título de doctor en medicina. En 1935 Alfredo Le Pera soltaba estos hermosos versos: “Sentir que es un soplo la vida,/ que veinte años no es nada… (en mi caso 46 años)/ Pero el viajero que huye,/ tarde o temprano detiene su andar./ Y aunque el olvido que todo destruye,/ haya matado mi vieja ilusión,/ guarda escondida una esperanza humilde,/ que es toda la fortuna de mi corazón”. Sentado en la mesa principal, al lado del Señor Rector y otras autoridades e invitados, contemplaba al numeroso público asistente.

Entonces pensaba, no todo está perdido, no hemos arado en el mar, nuestro pueblo no está huérfano, tiene dolientes preocupados por su suerte. La actual inseguridad e incertidumbre anidadas en la mente de mucha gente de bien que puebla el territorio de la República Dominicana habrá de reducirse a niveles normales de tolerancia. La violencia que sacude el alma nacional, el auge del tráfico y consumo de drogas, el robo y los asaltos que acompañan a la pobreza e inequidad social reinantes no son inmutables.

La consciencia nacional crece, ya los primeros rayos anuncian la aurora del nuevo día. Vi mucha juventud en ese cónclave. Allí me parecía oír a Juan Pablo Duarte repitiéndonos: “Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos… Sed justos lo primero, si queréis ser felices. Ese es el primer deber del hombre; y ser unidos, y así apagaréis la tea de la discordia y venceréis a vuestros enemigos, y la patria será libre y salva. Yo obtendré la mayor recompensa, la única a que aspiro, al veros libres, felices, independientes y tranquilos”.

Felicito a los organizadores de esta valiosa y oportuna jornada académica, la cual, sin lugar a dudas, arrojará sus frutos en los ámbitos social y jurídico del país. Las deudas de gratitud son impagables . Me siento un perenne deudor, comprometido a cotizar con la experiencia intelectual de casi medio siglo. Juan Pablo Duarte puso la primera piedra, seguiremos batallando, tratando de hacer posible la cristalización de su legado.


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