¿Honestos por picardía?

Eusebio Rivera Almodóvar

La Junta Central Electoral (JCE) es un organismo creado con el propósito de que arbitre, dirija, organice y santifique procesos electorales, algunos puros, otros espurios y muchos militarmente purificados, para que un grupo o grupito partidario pueda manejar en paz o dentro de una legalidad maquillada, las riquezas de la nación, agregándosele recientemente la función de ente regulador de resultados programados y apaciguador de pataleos, respingos y rabietas de los opositores a los gobernantes de turno, para quienes se sazonan, salcochan y fríen banquetes electorales, con postre y café post harturas.
La función de la JCE se ha prostituido porque los partidos llamados “tradicionales” o “mayoritarios” le agregaron la tarea de “transparentar” el voto investigando el clientelismo, votos vendidos o comprados, uso de fondos públicos en las campañas, etcétera, despojándose, esos partidos, de su deber primario que es enseñar a su militancia (en resumen, al pueblo) a defender con uñas y dientes el voto en los colegios electorales porque, indudablemente, en las mesas de votación es donde se ganan o pierden las elecciones y es donde actúan los artífices de los fraudes.
Recientemente fueron denunciadas irregularidades bochornosas en la compra de equipos para los dos últimos procesos electorales, en lo que puede verse como un acto de honestidad de los actuales miembros de la JCE y se plantea que esos equipos no podrán ser utilizados en las elecciones del 2020, con lo cual se infiere que será necesaria una nueva compra a nuevos precios y con nuevas comisiones. Aquí entonces cabe repetir el adagio: Si los pícaros supieran el gran negocio que es ser honesto, fueran honestos por picardía. ¡Ojo con eso!