Hospitalidad controlada

El vecindario hemisférico de la hermana nación venezolana está decidido a mantener fronteras abiertas al éxodo de los desesperados ciudadanos de aquel país que atraviesan penurias inimaginables sobre un territorio devastado por aciones contra la economía, la legalidad y el libre juego político. Es lo menos que puede hacerse por el pueblo cuna de Simón Bolívar y por esa digna comunidad sometida a la ironía de padecer hambre con inflación sin precedente y desarticulación que aplasta su sistema productivo aunque posee el subsuelo más rico en reserva petrolera del mundo. Es el nuevo socialismo convertido en flagelo para distorsión de la historia. En República Dominicana la presencia de los inmigrantes venezolanos llena espacios a todo dar con diversidad de características y considerable impacto social.
Para el ciudadano común, comprensivo y solidario con una nación que hizo lo propio con los dominicanos durante los largos años de oprobio trujillista que arrojó a muchos hijos de la patria de Duarte a otras playas, no deja de ser importante mantener en el debido marco de controles legales sobre la multitud advenediza que incluye personas dispuestas a ganarse la vida de cualquier manera en un confuso y riesgoso traspaso de fronteras sobre el que deben existir observación y previsiones contra la trata de personas hacia la prostitución y otras participaciones excepcionales en actos delictivos ya registrados.

Paulatinos daños al planeta

Los efectos negativos de la acción humana sobre el medioambiente están inequívocamente confirmados con el calentamiento global, daños a la capa de ozono, deshielos, alta temperatura media del planeta y del nivel del mar. En República Dominicana se vive la desaparición masiva de ríos y arroyos por deforestación y extracción por años de materiales de los lechos. La crucial fuente de agua de Valle Nuevo iba a colapsar y su rescate pleno está por verse. Y Los Haitises es golpeado por usos agrícolas. Hoy sería un grave error ignorar las advertencias de organismos internacionales y de muchos ambientalistas independientes, incluyendo dominicanos, que muestran alarma ante el avance de explotaciones destructivas que además derivan en vertidos plásticos y químicos muy nocivos. Más que nunca se justifican las cruzadas en favor de la naturaleza.


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