Hostos, una calle llena de historia

Calle Hostos. Hoy/ Aracelis Mena.
Calle Hostos. Hoy/ Aracelis Mena.

Quizá por haber albergado escuelas, centros de educación comercial, colegios, fue que el historiador Bernardo Pichardo propuso en 1904 que se le bautizara con el nombre de Hostos, en honor del insigne maestro puertorriqueño.
En esta hermosa y discreta senda de la Ciudad Colonial, que embellecen los ventanales cubiertos por tupidas trinitarias de variados colores, existieron también universidades, ateneos, seminarios católicos y el convento de los Dominicos que perdura aunque ha desaparecido la admirada huerta que lo circundaba.
Prestantes políticos, sacerdotes, médicos, abogados, profesores escolares y académicos superiores vivieron en esta calle donde residió y murió el expresidente Pedro Santana.
Moradores sobresalientes de la Hostos en tiempos recientes fueron monseñor Eliseo Pérez Sánchez, exmiembro del Consejo de Estado, fundador del Cuerpo de Bomberos, impulsor de la construcción de la Basílica de Higüey, humilde misionero que tuvo su morada al lado del Convento.
Vivieron también allí los abogados Luis Lembert Peguero, dirigente del PRD, ministro de Justicia en el gobierno de Juan Bosch y constitucionalista que estuvo al lado de Caamaño, y Julio César Castaños Espaillat, educador, exrector de la UASD. También los doctores Humbertilio Valdez Sánchez, que tenía consultorio y residencia en esa calle y que fue ministro sin cartera en la presidencia boschista.
En la inmensa vivienda que hace esquina con la Nouel vivió Antinoe Fiallo Rodríguez, jurista, luchador antitrujillista, dirigente de Unión Cívica Nacional.
Otro notable médico de la Hostos fue el doctor Alejandro Capellán, a quien se debe el rescate de restos de expedicionarios de Luperón que él ocultó durante la tiranía de Trujillo.
Residieron, además, doña Mélida Morales, viuda de Luis C. del Castillo, educador, orador, abogado, patriota que luchó contra la ocupación norteamericana de 1916; la familia Siragusa, reconocida por sus mercerías y tiendas de fantasía.
El dictador Pedro Santana tuvo domicilio en la Hostos, donde murió el 14 de junio (no el 11 como dice la tarja) de 1864. La obra fue restaurada en 1990 por el arquitecto José Ramón Prats García. Hoy la ocupa la Casa de Italia.
La bolera y Los Imperiales. En la Hostos estuvo la afamada cafetería “Los Imperiales”, expendedora de deliciosos helados, jugos y hamburguesas catalogados como los mejores de su época.
Funcionó la Escuela de Peritos Contadores; la Sociedad Fervorosos de La Altagracia, frente al templo de ese nombre, y con esquina Conde, el local del partido 14 de Junio, recién remodelado y pintado.
Casi al final, antes de llegar a las ruinas del hospital y monasterio de San Francisco, permanece la Benemérita y Respetable Logia Esperanza Número 9, cuna del Himno Nacional Dominicano.
En esa histórica calle estuvo la primera bolera de Santo Domingo, en el edificio Copello, y el aclamado hotel “Comercial”, primero “Generalísimo”, hasta hace poco “Mercure” y hoy “Novus Plaza Hodelpa”, que todavía no ha abierto sus puertas. Antes de hotel fue sede del Ateneo Dominicano y del Club Unión.
De la Hostos con Conde era “Ciro’s”, exquisita tienda con ropa para caballeros, y Maité y El bebé, de niños.
Hoy la Hostos es arte, música, alegría, bohemia. Sonia Silvestre instaló y mantuvo allí “La Junta café concierto” en donde se presentaban intérpretes de variados géneros y épocas pero donde eran fijos ella y Víctor Víctor. Este sigue fiel a la Hostos en el “Bar Lucía”.
De románticos, bailadores y cantantes consagrados e improvisados es El sartén, como lo fue El aljibe y persiste como emblema el parque Duarte, esquinas Nouel y Duarte, al igual que el restaurante “Mesón De Barí”, que es también permanente exposición de obras de arte. De esa vía es el “Mesón de Luis”, refugio de intelectuales y poetas degustadores de vinos.
Antiguos nombres. Antes de rendir homenaje a Hostos, la calle se denominó “Del hospital” y “Del hospital militar” por el hospital y la iglesia de San Nicolás de Bari, cuyas ruinas se conservan.
La cuesta que asciende a partir de la calle “Mercedes” era llamada “La Altagracia”, por su cercanía al templo; “De San Francisco” y “Del manicomio” por estar en ella el psiquiátrico y la iglesia de San Francisco construcción de la cual se preservan vestigios.
Al llegar a la “Padre Billini” se estrecha, por lo que fue llamada “Callejón del Convento”, ya que allí estaban y están los sacerdotes dominicos.
En 1859 se designó “Del Estudio” no solo “porque terminaba en el Placer de los Estudios sino también porque al Sur se construyó en tiempos del obispo Fuenleal un edificio para colegio o estudio y donde se instaló más tarde el llamado Colegio de Gorjón”, anota Luis E. Alemar.
Cita en la Hostos a “El café de la Reina”, muy concurrido por la oficialidad española durante la Anexión, cuando existió, además, la Contaduría de la Marina.
En la Hostos vivieron los próceres Jacinto y Tomas de la Concha en cuya vivienda se ocultó Francisco del Rosario Sánchez al ser perseguido por los haitianos. Ahí estuvo la escuela “El Carmen”, que dirigía una hermana de los Concha.
En otros locales funcionaron el colegio “El Dominicano”, fundado por María Nicolasa Billini, “primer plantel de enseñanza primaria con asignaturas de secundaria” y otro centro educativo del maestro cubano Federico Geraudy así como la academia “El Salvador”, de Enrique Trujillo.
En el “Callejón del Convento” estuvo el Seminario Conciliar Santo Tomás de Aquino “bajo la prelacía” de Fernando Arturo Meriño, antes de ser trasladado a la Abraham Lincoln. Años después el arzobispo Rocco Cocchia “hizo reedificar en parte del edificio que hoy ocupa la Universidad, instalando allí un seminario provisional. Se daba clases de Teología dogmática, moral, filosofía y literatura”, escribió Alemar en 1943.
En la Hostos con Luperón estuvo el colegio San Buenaventura y aunque estaba ubicado en la Arzobispo Meriño, se vincula al colegio De la Salle con esta calle porque su parte trasera daba al frente del Convento.
En documentos antiguos se describía la Hostos: “Calle que corre de la Puerta de San Francisco al mar”. Hoy se interrumpe en la “José Gabriel García”.


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