Huelgas con efectos negativos

La negación de asistencia médica a personas en situación de pobreza o muy pobres, y a nivel nacional, dejó en la semana recién transcurrida notables evidencias de que las huelgas en hospitales equivalen por su efecto sistemático a agredir a la colectividad en sus estratos más vulnerables. Oleadas de paralizaciones anteriores no provocaron, tanto como esta vez, expresiones de rechazo y reclamos de los ciudadanos que acudieron a los hospitales en busca de auxilio y no lo hallaron. Nunca antes se habían congestionado tanto los centros de salud en desesperada búsqueda de curación tras levantarse un paro; terrible confirmación de falta de alternativas. En ese mismo orden ha sido enfática la objeción de sectores sociales a estos paros.

Si el Colegio Médico Dominicano persiste en dar prioridad a sus reclamos laborales por encima de los sufrimientos con riesgos mortales que causan sus protestas por la dureza de sus consecuencias, estaría mostrando insensibilidad desde el ejercicio profesional más comprometido con la sanidad y vida del prójimo. La justeza de sus demandas no justifica el daño mayor que se deriva de incumplir masivamente obligaciones contractuales y dejar en desamparo a personas sin recursos afectadas por enfermedades. Con ello se vulnera masivamente el derecho a la salud y a la protección social de los sectores más desprovistos de medios para sobrevivir y se resta legitimidad a la posición huelgaria.

Debilidades en los controles

Sin recursos para armarse cabalmente en sus tareas de supervisar el pulcro manejo de bienes e intereses del Estado, la Cámara de Cuentas resulta un organismo fiscalizador con las alas recortadas. Ahora mismo su personal no da abasto para aplicar auditorías imprescindibles para el echar adelante expedientes sobre alegados actos de corrupción. Sus insuficiencias presupuestarias generan incertidumbre. Obstaculizan los objetivos del Ministerio Público.
Sus precariedades vienen a sumarse a la pasividad en que se muestran organismos que deberían ejercer el contrapeso que corresponde a la separación de funciones para garantizar el desempeño más idóneo en todas las áreas del Estado. No hay vigor para escudriñar la Cosa Pública lo que se vincula de alguna forma a las cotas altas de corrupción que en ocasiones se atribuyen al país.


COMENTARIOS