Huracanes unifican voluntad nacional

Ubi Rivas.

El trayecto de los huracanes por La Española, específicamente sobre nuestra RD, abren dos lecturas, la primera de ellas, la fragilidad de la psicología dominicana que acude en tropel irracional a los supermercados incurriendo en astronómicas compras, con el falso presentimiento de que el mundo está próximo a una catástrofe final. Deprimente pobre pueblo, psicológicamente indefenso.
La segunda lectura, que sí es aleccionadora y altruista, es que cuando ocurre la presencia de un huracán, que en lengua taína traduce gran viento, como Niágara en cheroque traduce gran ruido, todos, absolutamente todos los sectores de la vida nacional se anudan y arraciman, comenzando por todos los organismos vitales del Estado, que adoptan providencias de logísticas para enfrentar los designios catastróficos de la naturaleza.
Vemos al presidente de la República y su Gabinete en sesión permanente, y las chequeras para socorro abiertas y orondas, sin arqueos por la Cámara de Cuentas, aunque algunas suspicacias por la acera de enfrente al Gobierno, que las urgencias y premuras disipan y disuelven, en una cierta absolución por la contrapartida que infiere solidaridad con la urgencia popular.
El vetusto diario santiaguense La Información, en su edición del día seis, vertebra la cosmovisión concerniente al doble fenómeno de los huracanes y la cohesión nacional.
“Sería igualmente deseable que esa misma disposición al enfrentar el huracán la exhibiera el Gobierno frente a otro huracán como lo es el fenómeno que está abatiendo el alma nacional de la delincuencia y la criminalidad, cuya casualidad ha estado más vinculada al modelo de gestión económica que hace prioritarios el crecimiento concentrado de la economía, y la estrategia de la gobernabilidad concentrada en la popularidad y aprobación del Gobierno. Sobre ese flagelo institucional y moral que abre la moral ciudadana, no se logra ver un activismo”.


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