Huracanes y desigualdad social

Tahira Vargas

El reciente paso cercano del huracán Irma por nuestro país visibiliza las grandes desigualdades existentes y la vulnerabilidad en que vive gran parte de nuestra población.
Para los estratos medios y medios-altos el paso del huracán algunas veces es un espectáculo. Esperar su paso desde sus viviendas con el temor de si el inversor se le acaba la batería o no conseguir gasolina para la planta si se va la energía eléctrica o el tinaco-cisterna se vacía es su preocupación principal. Se llenan los supermercados y comercios de personas comprando muchas veces artículos comestibles equivalentes a una compra de un mes, para un fenómeno cuyos efectos afectan por un par de días.
En el otro lado, los grupos más pobres y vulnerables tienen miedo de dejar la vivienda aun cuando está fabricada en madera y zinc o con material desechable y yagua, porque estas tienden a ser fruto de la autoconstrucción y del esfuerzo propio. Igualmente los pocos enseres que existan en la vivienda, colchones, anafes, sillas, estufas o neveras, todas ellas compradas usadas, cogiendo fiao, o financiadas en las mismas tiendas. No pueden darse el lujo de hacer grandes compras. Saben que el colmado no cierra y se abastecen en el día a día con un fiao, pagando con lo que apareció o se consiguió luego de más de diez horas de jornada.
19,000 familias se refugiaron en los albergues. Durmieron en el hacinamiento con muchas otras familias y sometiendo sus hijas y mujeres a riesgos de acoso y abuso sexual, como ha ocurrido en múltiples ocasiones. Solo pueden llevar alguna ropa, medicinas y documentos, el resto de su esfuerzo de muchos años se queda en sus viviendas con el riesgo de que el rio o la cañada se desborde, o se produzca algún derrumbe y se lo lleve todo y así pierdan lo poco que han logrado acumular en muchos años de trabajo.
Vivir en el riesgo de morir en cualquier momento no es una elección de la población en condiciones de pobreza y pobreza extrema, es su única alternativa porque no cuentan con ingresos suficientes para pagar alquileres en lugares más seguros. Reconocer esta realidad supone entender que se necesitan cambios significativos en la distribución de la riqueza en nuestra sociedad.
El ejercicio ciudadano supone hacer conciencia de nuestra responsabilidad individual frente a la pobreza y la desigualdad social. El derroche y el alto consumo acentúan las desigualdades y generan brechas entre los grupos humanos. Se puede aportar desde lo micro a la equidad con pagos de salarios justos, disminución de patrones de consumo y cambios en nuestro estilo de vida.


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