Iatrogenia

Iatros es una palabra de origen griego que significa en español Médico, en tanto que Genia deriva de Génesis que quiere decir Crear. El término iatrogenia se utiliza para uno referirse a un acto médico dañino debido a error, negligencia, diagnóstico equivocado, o infección causada por la intervención de un facultativo de la medicina.

Solamente en el año 2000 se registraron en los Estados Unidos unas 225,000 muertes como consecuencia de intervenciones del personal del área de la salud. El Código de Hammurabi redactado hace unos cuatro mil años en la antigua Mesopotamia contenía cláusulas bastante específicas de condena para los actos de la práctica galénica que resultaran en perjuicio para los enfermos.

Antes del arribo de Cristóbal Colón a la Hispaniola nuestros aborígenes supuestamente lograban hacer hablar a los difuntos para que dijeran si su deceso había sido causado por la terapia del Behíque que era el curandero. Dice el Dr. Moscoso Puello en el Tomo I de sus Apuntes para la historia de la medicina de la isla de Santo Domingo: “Queriendo saber si el enfermo murió por culpa del médico o no guardó la dieta, como él le mandó, toman una yerba que se llama gueio, gruesa y ancha, que tiene las hojas semejantes al basilicón, la cual por otro nombre se llama zachon; sacan el zumo de la hoja, cortan las uñas al muerto y los cabellos de la frente, y entre dos piedras los hacen polvo, el cual mezclan con el zumo de la yerba referida, y se lo hacen beber al muerto por la boca o las narices, preguntándole si el médico ocasionó su muerte, y si guardó la dieta…”. De ser considerado culpa el brujo tratante era luego azotado hasta matarlo.

Quinientos años después de la colonización en la República Dominicana realizamos las autopsias para hacer que los cadáveres nos hablen de sus males fatales.

Esta vez cuestionamos a un occiso, quien al momento de su fallecimiento tenía 55 años de edad. En sus últimos 15 años ingería diariamente un mínimo de ocho botellas de cerveza. Tres meses previos a su último respiro se le había diagnosticado una cirrosis hepática de origen alcohólico. Su tez se había tornado amarilla y el vientre le había crecido cual si fuera una dama en su último mes de embarazo. Estuvo vomitando y sus asas intestinales estaban marcadamente dilatadas. Fue entonces cuando surgió la fatídica idea de introducirle un estilete quirúrgico denominado trocar para extraer el líquido acumulado dentro del abdomen.

Durante la punción notaron que aparte del fluido ambarino también se extraía contenido intestinal. Lo que siguió a dicho procedimiento ha de adivinarse. El enfermo con un asa intestinal perforada por el trocar desarrolló peritonitis aguda, seguida por una infección generalizada en el cuerpo y shock séptico irreversible. Primum non nocere nos repetían en latín desde el medioevo para advertirnos “Ante todo, no hacer daño”.

Desde el punto de vista médico legal este caso realmente no califica de iatrogenia puesto que la dilatación de las asas intestinales constituye una contraindicación para una paracentesis. Todavía es largo y tortuoso el camino hacia una práctica médica de óptima calidad en este rinconcito del mundo globalizado.