Iglesia Católica y nacionalismo

Ubi Rivas.

En la tradicional ocasión de la Semana Mayor de comentar las Siete Palabras pronunciadas por Jesús en el Gólgota, siete sacerdotes aludieron a temas álgidos y palpitantes como el nacionalismo, la corrupción y la reelección.
Concerniente al nacionalismo, el sacerdote Mario Serrano escogió reflexionar sobre el odio, en referencia subliminal a que los dominicanos profesamos odio hacia los haitianos, una especie de chantaje para reducir la exigencia de regularizar la abrumadora, descontrolada e irresponsable presencia de nacionales haitianos sin documentación que circulan por nuestras calles más que los dominicanos.
No se trata de odio racial, porque el 90% de los dominicanos son de color, sino de exigir poner las cosas en orden para que en el país residan los nacionales haitianos documentados para el desempeño de específicos oficios, carnetizados, temporeros, en construcción y laboreo rural, no desplazando mano de obra dominicana en otros servicios, que contratan empresarios para pagarles menos que a los dominicanos, y ellos son los principales culpables del problema que amenaza socavar la soberanía nacional.
El sacerdote Miguel Manuel Amarante postuló por la tolerancia, el diálogo y la misericordia, en alusión a unos dos millones de haitianos indocumentados residentes, y el sacerdote Faustino Burgos postuló sobre “aquellos que promueven el odio, el rencor y la xenofobia, revestido de un falso nacionalismo o falso pudor, creando zozobra, intranquilidad y viendo fantasmas donde no hay”.
Es por eso que siempre pondero y añoro la gestión cardenalicia de Nicolás de Jesús López Rodríguez, donde los sacerdotes eran más comedidos en pronunciarse sobre la virtual fusión de la isla, promovida por Monseñor Francisco Osoria, renegando su condición dominicana.
Por suerte, la Iglesia Católica aquí y en el mudo reduce sus creyentes, es menos creíble, por sus escándalos pedófilos y sus posturas antinacionales.


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