Igualdad de Género en el Mercado Laboral para ¡No dejar a nadie atrás!

Xiomara Carolina Acuna

Hace más de un siglo que miles de mujeres en Europa y Norte América se manifestaron públicamente en contra de las discriminaciones laborales, originando la celebración de un Día Internacional de la Mujer[1]. La falta de seguridad social, largas horas de trabajo, altas tasas de desempleo, bajos salarios, eran parte de las demandas de las mujeres entonces. Hoy en día, a pesar del aumento de la participación de las mujeres en la fuerza laboral, la discriminación en el trabajo continúa y las demandas por mejores oportunidades de autonomía económica y trabajo decente son similares a las que tenían las mujeres en el siglo pasado.

A pesar de los avances, las brechas de género son uno de los desafíos más urgentes que enfrenta el mundo del trabajo actual, y por lo tanto su solución es clave para cumplir con la Agenda 2030[2]. Con una región marcada por la desigualdad y una economía con ciclos de altas y bajas, hay un riesgo importante en que haya retrocesos en los avances de las mujeres en el mundo del trabajo[3], y la evidencia denota que el mercado de trabajo tiene un papel clave como espacio que puede reproducir la desigualdad o, por el contrario, convertirse en mecanismo esencial para revertirla.[4]

A pesar de la feminización de la educación[5], los logros educativos no se traducen en mejores posiciones, progresos o mejores salarios. En la República Dominicana la tasa de desempleo de las mujeres[6] triplica la de los hombres, y el 47% de mujeres ocupadas lo están en trabajos informales, sin seguridad social, con bajos salarios y poca sostenibilidad de sus puestos laborales. Además, los salarios de las mujeres son de hasta un 35.6% menores que los de los hombres[7]. Los pisos pegajosos, las escaleras resbalosas o rotas; y los techos de cristal[8] son algunos de los términos usados para definir la falta de oportunidades, de progreso y dificultades que enfrentan las mujeres para progresar en el mercado laboral.

La desaceleración en el ingreso al trabajo de las mujeres[9] podría estar marcada por la dificultad que se nos presenta para conciliar el trabajo productivo con el reproductivo, y el uso del tiempo mayormente invertido en el cuido[10]. La segregación ocupacional también contribuye en gran medida a la desigualdad en términos salariales y de calidad de los empleos[11].

Es vital poder incluir la perspectiva de género, en el mercado laboral y promover políticas y acciones concretas que den a las mujeres la oportunidad de elegir, progresar y trabajar en ambientes sanos. Por ello el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo junto al Ministerio de la Mujer implementan la iniciativa IGUALANDO RD, Sellos de Igualdad de Género, acompañados por el Instituto Dominicano de Calidad, Ministerio de Trabajo, y el Consejo Nacional de Competitividad, para crear oportunidades igualitarias y eliminar discriminaciones entre trabajadoras y trabajadores. El modelo representa una propuesta para transformar las estructuras de trabajo integrando acciones y políticas para igualdad de oportunidades de empleo y de salarios; facilidades para la maternidad; combatir el acoso sexual y la violencia de género; asegurar instalaciones adecuadas; conciliar la vida familiar con la laboral; entre otras. La iniciativa contribuye a visibilizar que el problema de las desigualdades de género es una responsabilidad del Estado, pero también de las propias entidades o empresas que pueden de esta forma ser parte activa de la solución, para ¡no dejar a nadie atrás!


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