Indefensión hace la vejez más tortuosa que regocijante en RD

Los ancianos hallaron una manera de apoyarse y recrearse

Qué cuáles son las mayores dificultades que enfrentamos los viejos? “Oh, escriba ahí, que una es la impotencia de sentirnos útiles y no conseguir trabajo, porque los empleadores creen que ya no servimos”. Esa respuesta amarga salida de labios de Vinelis Sosa Rosario, de 74 años, es corroborada con movimientos de cabeza por sus compañeros de travesía.
Reunidos debajo de los árboles de la casona que aloja a la Fundación Dominicana de Protección al Adulto Mayor (Fundaproam), en Villa Duarte, Distrito Nacional, hombres y mujeres pasaron balance a su desprotección y reclamaron al Gobierno políticas más reales.

Decepción. Bartolina Lara es una de las que está decepcionada con el Estado, al que le enrostra su falta de voluntad. Su denuncia provocó una lluvia de comentarios sobre el papel que deben jugar las autoridades y las debilidades que exhiben. Jaime Siri, de 79 años, les recuerda “su misión es darnos una vejez digna”.

Así como la que merece Vinelis, que trabajó 20 años en la cosa pública, pero no fueron suficientes para salir con una pensión que le permita adquirir los medicamentos y la alimentación que su edad exige.
Otros, que trabajaron de forma independiente no lograron ahorros para enfrentar las vicisitudes de los tiempos de vacas flacas, porque casi nunca vivieron los de las gordas.

En este grupo está Rosa Elena Lugo, que vendía ropa y ahora con 75 años lamenta lo difícil de llegar a su edad con algo ahorrado, cuando la vida ha sido tan dura “pero pá lante”, dice y coloca con fuerza la ficha de dominó.

Digna Mendoza, de 82 años, tampoco tuvo una juventud llena de rosas. A los 20 llegó a la Capital desde Gaspar Hernández, Espaillat, a trabajo doméstico. “Toda mi vida fue trabajo duro, no conocí nunca diversión y ahora mi tormento sigue. Estoy casi ciega”.
Cada uno de los 80 miembros de la fundación está marcado por una historia de pesar que al mismo tiempo le ha dado las garras para seguir adelante y sonreír. Por eso Elvitelio Mercedes, de 83 años, de los que pasó la mayoría como chofer de transporte público, aunque lamenta que no obtuvo pensión y tiene las manos vacías, habla con optimismo y pasión.

Quizás por esa misma razón, cuando Alménsida Sepúlveda Polanco bromea nadie imagina que pasó su niñez en el arduo trabajo de la agricultura, que abandonó cuando contrajo nupcias y llegó a Santo Domingo. Entonces empezó su otra vida, la de negociante, igual de dura “pero más segura que la de ahora, con menos delincuentes”.

“Así es, interviene” Martha María Grant “Las cosas están muy cambiadas, ¿quién corrige un muchacho ahora, aunque sea para librarlo de la delincuencia y de los vicios?”

Lleno de optimismo, Ramón Medina, de 78 años, es un activo colaborador de la fundación. Irradia una alegría que no le impide considerar absurdo, dedicar la mayor parte de la vida al trabajo duro y terminar entre miseria.
“Soy Julia de los Santos, de 68 años”, dice la mulata de cabello rizado, antes de que le pregunten. Salvo por los signos en una pierna, es difícil imaginar que un accidente cerebrovascular la discapacitó y lo venció.
Por dentro. Fundada el 25 de noviembre de 2002, Fundaproam incide en los barrios Villa Duarte y Villa Faro, aquí tiene su oficina. Entidad de auxilio y ayuda creada por los esposos Víctor Minaya y Carmen de la Cruz, que quisieron aportar de lo poco que tenían y al fallecer, dejaron la misión a sus descendientes.

La presidenta, Charleny Pichardo, explica que los beneficiarios acuden dos veces a la semana a la casa en la que juegan dominó, recuerdan vivencias y sobre todo, son útiles.

Indica que entre las jornadas abarcan operativos médicos, visitas a enfermos, entrega de alimentos, todo coordinado por 15 voluntarios, que como Carmen Álvarez están prestos a servir. Pichardo exhorta a las autoridades a apoyar más a esa población. Pide al Ministerio de Salud Pública extender el servicio de medicamentos y asistencia para que personas como Marcia Díaz, puedan acceder a una prótesis de rodilla.