Indicadores de personas sanas

José Miguel Gómez
José Miguel Gómez

Ya no basta con esperar que las personas sean normales, ahora se espera que sean sanas; la sanidad implica no dañar, no exponer al otro al riesgo, no hacerle vulnerable, ni sufrible, ni víctima del control, del acoso, ni de las circunstancias que le condicionen a la infelicidad existencial. Los altos índices de conflictos, agresiones y violencia, que dañan la convivencia entre vecinos, hablan de la falta de tolerancia, educación y de equilibrio, en aprender a vivir en la diversidad, con las diferencias, sin prejuicios y sin rechazo a las demás personas. Igual pasa con la violencia intrafamiliar, donde la familia se le imposibilita el diálogo, la reciprocidad, la habilidad y la inteligencia para desarrollar una dinámica familiar basada en el respecto, la cultura del buen trato, con efectividad, con amor y prácticas democráticas. El matrimonio y la vida en pareja necesitan de personas sanas, que funcionen con la comunicación asertiva, reforzadora y de modelo de conciliación para buscarle respuesta a las diferencias, a los conflictos, las desavenencias y los desacuerdos.
Los indicadores de feminicidios, violencia marital y maltrato a los hijos, de forma recurrente, dañan la vida afectiva, emocional y psicológica, cosa que les impide ser persona sana, nutriente y existencialmente armonizada. La práctica sana en la personalidad debe expresarse de forma armonizada en diferentes áreas: en la familia, con la pareja, con los hijos, los amigos, los compañeros de trabajo, los vecinos, en la religión, la política, en la socialización ciudadana y en la forma de pensar, de comportarse, y en los resultados asertivos del día a día. Esas prácticas deben ser con las tres E: equilibrio, equidad y eficacia. Los resultados sociales, de la falta de convivencia, la inseguridad y la vulnerabilidad en los diferentes espacios, hablan de una sociedad enferma, deteriorada e imposibilitada para construir ciudadanos de cultura de buen trato, de paz y de convivencia pacífica. El perfil de una persona patologizadas, enferma y disfuncional, se mide en su maledicencia de realizar o planificar el daño, de ejecutar acciones que vulneren la parte moral, ética y humana de las demás personas; pero también, el ciudadano que viola las leyes, los procedimientos, el pago de sus impuestos y obligaciones financieras.
Una persona sana, como pueden reflexionar, hace lo correcto, respeta las normas, permite el crecimiento y el desarrollo de las demás personas; facilita las oportunidades, cuida, protege y previene el daño de los demás; funciona a través de las actitudes emocionales positivas: amor, alegría, compasión, solidaridad, altruismo, reciprocidad y perdón. La clave es aprender a detectar de forma temprana, en la pareja, en los amigos, en los vecinos, en el trabajo, o en cualquier actividad, cuando estamos expuestos a personas que no son sanas; que nos exponen o nos lastiman, nos utilizan o nos hacen víctimas de conductas de altos riesgos, como son: uso y abuso de drogas, negocios ilícitos, violencia, acoso, control y amenaza, manipulación y hostilidades de todo tipo. Existen personas que nos hacen riesgosos y vulnerables en la salud mental, nos producen depresiones, estrés postraumático, ansiedad, procesos inadaptativo, sufrimiento, infelicidad, y riesgo de suicidio. Una persona sana en cualquier ambiente agradable, es una persona nutritiva, oxigenante, con resonancia en sus emociones y comportamientos, que acepta y tolera las diferencias, pero nunca ejerce la violencia, el acoso ni la ira para controlar e imponer las decisiones.
El llamado a las familias y parejas es que trabajen la afectividad, las emociones positivas, la cultura del buen trato y la convivencia pacífica para enseñar y desarrollar la crianza de personas sanas, armonizadas y equilibradas. La sociedad y la educación debe poner como prioridad la ciudadanía responsable, pacífica y de tolerancia, donde existan espacios para dirimir los conflictos, sin el acceso a las armas, al sicariato, a las amenaza ni a los homicidios. A los miembros de las instituciones armadas y empresas, deben de implementar las charlas, talleres, jornadas de convivencia pacífica y de paz, para fluir y ser más felices. Los medios de comunicación no deben presentar las informaciones violentas, crímenes, feminicidios y homicidios, dado que son informaciones que influyen, condicionan y ayudan a las personas más vulnerables a repetir las conductas. Se impone la presencia de personas sanas para armonizar la convivencia, la existencia y la felicidad. Las personas sanas poseen cerebro sano, comportamientos sanos y resultados sanos, para llegar a ser una sociedad sana y pacífica, pero sobre todo vivible.


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