Inmovilidad en los esquemas

Con predominio sobre mecanismos imprescindibles para avanzar hacia un sistema electoral más justo y democrático, y un Estado más transparente y eficiente, ciertos entes de diálogo prefieren en algún grado los viejos esquemas de hacer política. El juego suele ser trancado cada vez que la búsqueda de consenso llega a lo nodal. Siempre es fuerte la resistencia a nuevas reglas que restrinjan la discrecionalidad en el empleo de los recursos y ventajas que pueden obtenerse desde el Estado para el accionar partidario. Además se aspira a seguir aprovechando financiamientos particulares, generalmente interesados, sin someterse a controles éticos; desbordar las campañas en el tiempo y en el acceso a los medios de promoción, ámbitos en los que el dinero vale más que el debate de las ideas. Campos libres para la algazara del populismo.

En paralelo, en el diálogo para un pacto eléctrico se ha impuesto la renuencia a incluir en sus alcances las interioridades que obran tras el proyecto de Punta Catalina que no debería estar fuera de escrutinio. Véase cómo de buenas a primera surgió un sorprendente y elevado reclamo de sobre costo de parte de la firma Odebrecht, indicio de que el consorcio brasileño sigue sintiéndose con la sartén por el mango. Consecuencia de un trato benigno procesalmente a esos intereses en los que el Estado depositó en absoluto su cuestionado sueño dorado con el carbón.

Presencia larga e histórica

Permitir que los crímenes escapen a la sanción, sobre todo aquellos ocurridos vía el Estado, ha sido una constante en el tiempo y con profundas raíces. La inmensidad delictiva, con una gama de torturas, muertes y despojos de constante agresión a la dignidad humana cometida bajo Trujillo, quedó sin sanciones fuera del tiranicidio. Un oprobio ayudado por la desmemoria y la omisión o la complicidad de gobiernos sucesivos. Aspirar ahora a que la conciencia nacional se yerga contra impunidades anteriores, al tiempo de exigir con vigor que diversas formas de corrupción actuales enfrenten al fin un muro de contención y de penas condignas, es lo que más correponde para desagraviar, con hechos y propósito moral, a un pueblo que, como expresó Duarte con visión de futuro, sería víctima de la maldad mientras no se escarmentara a quienes lo traicionan.


COMENTARIOS