¡Inolvidable!

Es preciso estar claros de que, así como la Navidad propicia las fiestas y los contactos con la familia, la propia y la política, no siempre es fácil porque no todo es amor y felicidad en estas fechas. De hecho, dicen algunos expertos que en la Navidad afloran numerosos conflictos familiares que, a menudo, permanecen latentes durante el resto del año, pero cuando existan esas tensiones, podemos aprovechar estas fechas para generar cambios que mejoren las relaciones y, en consecuencia, la pareja y la relación familiar se enriquezca.
Aunque sepamos que en Navidad se vive con mayor intensidad y dolor lo que en otro tiempo, se considera un enfrentamiento cotidiano, hay aspectos como la toma de decisiones económicas que no debemos dejar que perturbe nuestras fiestas. Y es que la Navidad enfrenta a las familias a muchos gastos excepcionales y las dificultades económicas o los diferentes criterios de decisión en estos temas pueden incidir en un aumento de la conflictividad. La presión de los gastos por las compras o por decidir qué serviremos en la cena de Nochebuena e incluso, en casa de quién estaremos, provocan en algunas personas ansiedad y conflictos emocionales, pero una vez que conozcamos cuál es el origen de esos conflictos, lo mejor es trabajar de la manera más delicada posible estos temas para no sucumbir y llevar la fiesta en paz, recordemos que estas fechas deben ser sinónimo de felicidad por el nacimiento del Niño Jesús en cada uno de nuestros corazones.
Cuando llegan las celebraciones de fin de año, a menudo la convivencia familiar implica cierto grado de tensión porque no transcurre como uno desearía ni de acuerdo con los mensajes que transmiten los medios de comunicación. Varios expertos aseguran que los principales conflictos emocionales están relacionados con las demandas afectivas de cada asistente a las fiestas decembrinas. Igualmente, la ausencia de seres amados, la visita de algún miembro de la familia “no querido”, o el reencuentro con parientes poco apreciados, por mencionar algunos, desencadenan situaciones comunes que generan tensión en estos días tan especiales por la carga emocional, cultural, psicológica y social que encierra el festejo de la Navidad.
Es importante tener presente que, aunque queramos y lo intentemos, no podemos agradar ni complacer a todo el mundo, sobre todo si ello es a costa de nuestra salud o nuestro bienestar. Así que, aunque suene extraño, hay ocasiones que debemos elevar un poco nuestro nivel de egoísmo, sin olvidar que debemos hacer siempre nuestros esfuerzos por atender peticiones, pero sin olvidarnos de nuestros propios intereses, puesto que, de lo contrario, vamos contra-natura, y eso tarde o temprano el propio cuerpo lo reclama. Así que, si es necesario, re-planifiquemos, de manera que hagamos nuevos planes que se ajusten a lo que nuestra mente y nuestro cuerpo nos esté pidiendo. ¡No olvidemos dedicarnos tiempo a nosotros mismos!