Insisto: la experiencia enseña

A Juan Bosch le escuché denunciar por radio las mil y una formas de hacer trampas para conquistar el poder por medios electorales. Pronunció una serie de charlas al respecto para las elecciones de 1966.
En los comicios de junio del 66 hubo toda suerte de trampas, triquiñuelas, abusos de autoridad, complacencia y parcialidad de la Junta Central Electoral, la cual proclamó a Joaquín Balaguer como ganador de unas elecciones en donde se ejecutaron todas las acciones dolosas, corruptas e ilegales.
Ahí se inició el viacrucis del voto, del desconocimiento de la voluntad popular, de la caída de la confianza en el sistema electoral y en los partidos políticos, de la participación e injerencia de los guardias y los policías que se parcializan y abusan del poder delegado para preservar el orden público y la independencia nacional.
Se entiende que toda cabeza tiene precio y mucha gente sin conciencia, sin educación, sin coraje, sin respeto por sí, hace cualquier cosa para contribuir y participar en la podredumbre electoral.
Ello no significa que sea equivocada la celebración de elecciones para seleccionar las autoridades del gobierno, en absoluto, lo que se precisa es de que haya una ley clara, respetada y funcionarios con la suficiente vergüenza para decirle no, al poder político y económico que distorsiona el sistema.
De ahí la importancia de que se revista de toda la transparencia posible el ejercicio del voto de los ciudadanos, para descontinuar la práctica malsana de que se vota por un candidato y se les cuentan al contrario, a quien goza de poder económico y político.
Ningún partido político mayoritario actual, de la República Dominicana, tiene un padrón de militantes confiable y completo, cuando se trata de registrar cientos de miles de miembros. Se presume que, tampoco hay seguridad absoluta, el Padrón de la Junta Central Electoral es el que tiene mayor confiabilidad.
Por ello, se reclaman con insistencia dos cosas: elecciones para candidatos el mismo día, a la misma hora, con el padrón de la Junta Central Electoral ¿por qué la oposición a la transparencia? para repetir la corrupción, la vagabundería, el abuso, la inmoralidad de irrespetar el voto partidario y satisfacer las apetencias de quienes temen, como el diablo a la cruz, que se actúe de cara al sol.
La única razón de oponerse a lo que es igual, que no es ventaja para nadie, es cuando se tienen agendas ocultas para burlar a los contrarios, a los opuestos, a los contrincantes.
Si se teme a la claridad, es porque hay intenciones oscuras, malsanas, inmorales. Se niega la amistad cuando no hay claridad.
La fiesta puede terminar a “rabasos”. No lo olviden. Están advertidos. Ahí perdemos todos.