Institucionalidad como base del desarrollo económico

Ramón Nuñez Ramírez

Los países que en el pasado entraron a la primera revolución industrial y hoy se encuentran transitando la cuarta revolución industrial fueron sociedades inclusivas en lo político y en lo económico; las que se quedaron atrás fueron sociedades de regímenes absolutistas y hoy en día el salto al desarrollo de los países depende del capital humano y la existencia de instituciones que funcionen.
Hace muchos años leí un libro que me permitió afianzar esos conceptos, se trató de “Why the Nations Fail?” (“¿Por qué las naciones fallan?”) de la autoría de Daren Acemoglu y James A. Robinson. Este libro explica porqué Inglaterra fue el país donde se produjo la primera revolución industrial y una de las principales razones fue que en el siglo XVII los nobles comenzaron a reducir los poderes del monarca creando el parlamento, hasta que se produjo la “gloriosa revolución de 1688”,y paulatinamente los comerciantes y las clases medias lograron tener participación en la elaboración de las leyes y esa sociedad se hizo inclusiva en los político y en lo económico, se respetaron las reglas de juego, los derechos de propiedad e invención y por ello James Watt, el inventor de la máquina de vapor, nació en Inglaterra y no en España o Rusia, y por esas razones institucionales, Thomas Alva Edison, prolífico inventor, nació en EU y no en AL.
Ese libro también explica como el absolutismo y sociedades no inclusivas en Rusia, el imperio Austro-Húngaro o el imperio Otomano llegaron tarde a la primera revolución industrial o porqué África se ha quedado rezagada o América Latina no ha podido dar el salto al desarrollo.
Los últimos países que han logrado el desarrollo fueron los cuatro tigres del Asia, y se debió a que invirtieron fuertemente en educación y aunque algunos fueron regidos por dictadores estos respetaron e hicieron respetar las leyes.
República Dominicana es una potencia turística, de zonas francas y líder en Inversión Extranjera Directa del Caribe y Centroamérica, la economía ha sido una de las de mayor crecimiento de la región en los últimos 50 años, salvo en tres crisis económicas, sin embargo arrastramos lastres que nos tipifican como un país del tercer mundo, como son los niveles de vulnerabilidad, la tasa de mortalidad materno-infantil, la calidad de la educación o de la salud y la gran inequidad social.
Las falencias institucionales explican como en las narices de los organismos llamados a vigilar se produjeran los escándalos de la OMSA y el CEA, explican como un ministro de Industria y Comercio manipuló el precio de paridad de importación del GLP para facilitar a una empresa realizar sus ampliaciones a expensas de los bolsillos de los consumidores, o como a casi a dos años de destaparse el escándalo de los sobornos de Odebretch la Cámara de Cuentas ha sido incapaz de realizar las auditorias a las obras construidas.
Mientras los Estados Unidos, para solo citar otro ejemplo del respeto a las instituciones, en 243 años como nación han realizado 27 enmiendas puntuales a su constitución y una sola, la vigesimosegunda en marzo de 1947, limitó a dos los periodos presidenciales, y aunque mandatarios, como Clinton y Obama, culminaron sus dos períodos con elevados niveles de popularidad, era inconcebible proponer una enmienda para que pudieran aspirar a un tercer período; mientras en la RD en 174 años como nación se han realizado 39 modificaciones constitucionales, de las cuales 34 han sido para permitir la reelección al gobernante de turno.
El país cuenta con leyes suficientes, contamos con un marco legal como fue la reforma de la administración fiscal, que de cumplirse estrictamente, comenzando con la Ley de Compras y Contrataciones Públicas, se reduciría de forma drástica la corrupción y los privilegios y rentas a empresarios.
Esta pequeña nación exitosa en diferentes sectores, admirada por su desempeño macroeconómico, podría convertirse en una sociedad próspera si fortalecemos la institucionalidad, respetamos las leyes, fomentamos la independencia y el contrapeso entre los poderes del estado.