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Intrant y un reto mayúsculo

La magnitud de la tarea que tiene por delante el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) hay que medirla tomando en consideración que un caos, el del tránsito y el transporte, está enquistado en otro caos, que consiste en la manera desordenada en que ha crecido la ciudad y las limitaciones de sus vías en relación con el creciente número de vehículos que circulan a diario por ellas. A ese conjunto hay que sumar la falta de educación vial de muchos conductores y el hecho de que todos los transportistas de pasajeros trabajan al mismo tiempo porque no hay regulaciones efectivas en este servicio, y si las hay, no se hacen respetar.
Parte del congestionamiento de las vías obedece a que ni siquiera se ha ensayado un programa piloto de diferenciación de los horarios de trabajo y estudio, para distribuir el flujo de vehículos de motor y atenuar los atascamientos. Todos estos factores coinciden en un espacio urbano inadecuadamente trazado, con insuficiencia de vías de gran capacidad, semáforos no sincronizados y sujetos mayormente a las disponibilidades de energía en las redes eléctricas. A esto hay que agregar un sinnúmero de paradas de autobuses caprichosamente ubicadas, falta de grandes estacionamientos y la indisciplina de los conductores que ocupan parte de las vías al utilizarlas como estacionamiento. Tal vez la pregunta más difícil que haría cualquiera sería por dónde empezar a resolver.

Hablemos de nuevas presas

Los disturbios climatológicos han provocado a este país muchos daños y pérdidas por inundaciones causadas por la lluvia y los desbordamientos de ríos. Y han dejado evidencias de que, aparte de restringir la extracción de materiales de esas fuentes, es necesario construir infraestructura de contención y nuevas presas y represas para controlar el aumento de los caudales en épocas de lluvias torrenciales como las que tuvimos recientemente, por efectos de dos huracanes y varias tormentas.
La construcción de infraestructura hidráulica debe ser una de las prioridades en el Presupuesto General del Estado para 2018. Eso debe incluir el mantenimiento adecuado de la infraestructura actual afectada por las crecientes y los sedimentos. Tenemos que ir adaptándonos a lo que impone el cambio climático.