Inútiles guerras comerciales

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El presidente Trump tiene una idea muy particular de los beneficios que puede generar el imponer aranceles a parte de las importaciones de los EE UU. Trump, asumo, cree que es bueno para su país. Lamentablemente no hay tal cosa como “el país” cuando se trata de comercio.
Hay gente que cree que el interés nacional existe para todo. No hay duda que cuando juegan nuestras reinas del caribe al Voleyball o cuando en el mundial de pelota el “plátano power” ejerce su poderío, todos los dominicanos tenemos el mismo interés y es que ganen.
Sin embargo en el comercio, los agentes económicos tienen diferentes y antagónicos intereses ante la imposición de un arancel. Podemos clasificar en cuatro grupos los intereses distintos: 1) Los consumidores, 2) los empresarios y trabajadores de la industria a la que se le pone un arancel, 3) los del comercio importador del producto que sufre el arancel y las industrias que lo usan como materia prima y 4) los empresarios y trabajadores de las demás industrias del país. Analicemos estos grupos en el escenario de que los países a los que se les impone el arancel “devuelven el golpe”
Los empresarios del sector que recibe protección se benefician al poder elevar los precios. Los trabajadores de este sector también mejoran por tener mayor seguridad laboral aunque, como consumidores, tendrán que pagar más caros los productos importados que compran.
Los empresarios y trabajadores manufactureros de quien use como materia prima el artículo gravado con aranceles y los de los sectores importadores de los mismos, sufren por pérdida de competencia.
¿Y el resto de la economía?. Todos los consumidores ven su poder adquisitivo disminuir. Y los empresarios y trabajadores que exportan a mercados que también han impuesto aranceles en respuesta al “ataque”, sufren.
EE UU impone aranceles a China en acero y aluminio y manufacturas diversas y China en aviones, químicos y productos agrícolas. Miles de artículos en total. Los montos de importaciones afectados (en cada país) por las amenazas de aranceles empezaron por USD 3 billones y ya van por los USD 100 billones. Podemos teorizar sobre los efectos en cada país, básicamente determinar quién sufre más, lo que es de por sí es un análisis triste.
Esto no es la primera vez qué pasa. En 2002, el presidente George W. Bush impuso aranceles de hasta un 30% a las importaciones de acero para proteger a los productores nacionales. La protección ayudó a los fabricantes de acero, pero les quitó capacidad de competir a quienes usaban acero como materia prima. La industria automotriz sufrió mucho. En 2002, la “National Association of Manufacturers”, por esta razón se opuso formalmente a estos aranceles.
La administración Bush retiró los aranceles 21 meses después de su imposición. La Consuming Industries Trade Action Coalition “determinó que el impacto neto de esta aventura arancelaria fue la pérdida de 200,000 trabajadores en la industria manufacturera de los EE UU. A modo de comparación, toda la industria siderúrgica de EE. UU. empleaba a 197,000 personas en ese momento. Ojalá la historia no se repita.
Para el resto del mundo, las preservativas de crecimiento se han ajustado a la baja. Y todos tememos que nos pueda tocar a nosotros participar en esta guerra comercial.


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